lunes, 27 de agosto de 2012

El desafío de Gavarnie. Parte I


Ya hace cuatro años que embriagados por el ambiente alpino que este circo confina entre sus muros, decidimos desafiar a esta gran cascada. Desde entonces, las aguas del gran circo de Gavarnie no han dejado de alumbrar desdichas con cierta regularidad. Con este artículo trataremos de hacer un resumen de lo que ha sido la historia de la Gran Cascada en su faceta barranquista, desde su primer descenso en 1990 hasta nuestros días. A través de la crónica que nos ofrecieron los protagonistas de las diferentes repeticiones, intentaremos acercarnos a un descenso que con el paso del tiempo, no ha dejado de mostrar su lado más desafiante.

1990: Primer descenso documentado
El primer descenso documentado nos llega del año 1990. Con una vertical absoluta de 281 metros, y un desnivel total de 422, este colosal salto de agua fue descendido por primera vez por S. Boyer y A. Vergez aunque con un despliegue de medios al alcance de muy pocos. El proyecto tenía como objetivo promocionar los Pirineos y más concretamente, el trabajo de los guías y profesionales de Gavarnie. Se optó por su margen derecho, que es el que ofrece mayor verticalidad, consiguiendo de esta manera un rápel aéreo de 250 metros. En el evento participó el CRS, Gendarmes del Pelotón de Montaña, espeleólogos, guías de montaña militares, guías de montaña franceses y una representación española conformada por dos guías de la escuela de Morillo de Tou que también descendieron la Cascada. Se utilizaron cuerdas de 500 metros de longitud y 10mm. Unos 3.000 metros se emplearon para asegurar el acceso a la cabecera por el primer piso. Los helicópteros también colaboraron en el porteo de periodistas y material durante el evento y queda más que evidenciado que el propósito no era realizar precisamente un descenso deportivo y autónomo, sino simplemente ejecutar un evento mediático.

1990-2006

No hay descensos documentados, o por lo menos, no están al alcance de mi mano. Pero es de justicia hacer saber que los gendarmes del valle han estado descendiendo la cascada con cierta regularidad por su vía aérea. Uno de ellos, de nombre Allain si no recuerdo mal, afirma haberla descendido hasta en 10 ocasiones. Sólo ha trascendido que empleaban cuerdas de longitud especial (300 mts) y que aproximaban por el primer piso transportándola entre dos personas, ensacada en dos petates. Queda lejos de mis posibilidades saber cómo y con que estilo bajaban y recuperaban el material y elucubrar sobre los detalles sería tendencioso. Pero es de justicia dejar constancia de esta información.

2007

Fue nuestra primera tentativa. Dos personas y 400 metros de cuerda. Los detalles son conocidos: dos porteos desde Coll de Tentes hasta un vivac intermedio y otros dos desde el vivac hasta la cabecera de la Cascada. Cuando ya teníamos todo dispuesto para bajar, las tormentas arrasaron con nuestro material, acabando con nuestras aspiraciones.

Abatido, decido sentarme sobre las cálidas rocas calizas. Pienso en las tres clavijas que nos quedan, en el equipo de instalar de Jero… en si queda alguna esperanza. Pero la respuesta es obvia. Jero sigue buscando nuestro material, con la esperanza de que todo esto sólo sea un mal sueño. Va bajando poco a poco, mirando cada roca, excavando entre las piedras, buscando entre las espumas del cauce… pero no queda nada. Sumergido en la cruda realidad, baja hasta la cornisa de la Gran Cascada, donde se queda encaramado mirando al vacío, sintiendo como se escapa un sueño … “

2008

Fue el año que abrimos nuestra línea. Mantuvimos el mismo plan que un año atrás y apostamos por un equipo reducido pero flexible. Esta vez se sumó a nosotros un tercer componente para colaborar en los trabajos logísticos y de seguridad. La sistemática fue idéntica, pero para evitar eventualidad meteorológicas, la articulamos en sólo dos días. El primero aproximamos hasta un vivac intermedio todo el material. El segundo, accedimos a la cabecera y descendimos.

Cabe destacar que un planteamiento como este obliga a renunciar a muchas cosas. Entre ellas al confort de un neopreno, a la rapidez de un taladro o a la distribución de la carga entre un equipo más numeroso. Ni si quiera eran cuerdas ligeras, sino de 10,5 mm, pero ello nos permitía en un momento dado, escapar de la cascada sin que los roces comprometieran nuestra seguridad. En definitiva, nos centramos exclusivamente en los aspectos operativos, dejando en un segundo plano las pusilanimidades.

A las 12 de la mañana estábamos en la cabecera. No íbamos con mochilas barranquistas, sino de montaña, de 80 litros, mucho más ergonómicas y funcionales especialmente en un terreno tan inestable como las palas de acceso, con alternancia de gravas y placas de nieve. Tampoco contemplamos en ningún momento llevar calzado que no fuese de montaña, puesto que se trataba de una actividad puramente alpina, donde primaba una buena sujección del tobillo y la versatilidad en terreno mixto, con y sin crampón. Fuimos adaptando las tiradas a nuestro horario y a las circunstancias. La ubicación de los anclajes respondió en su día, no sólo a un criterio de ubicación, sino a un conjunto de circunstancias. Con un taladro, cuerdas finas y más tiempo, la instalación hubiera sido diferente, sin ninguna duda. Pero con buril, cuerdas de 10,5mm y 40 kg a nuestras espaldas, esa instalación demostró ser más que suficiente. 

“Desayunamos a la luz de las frontales ya que todavía es de noche. Nos hemos refugiado en el mismo vivac que el año pasado, con su eterno gélido viento.  (…)
Poco a poco vamos superando las palas en tiradas de casi 200 metros. Recoger de nuevo las cuerdas en la mochila nos hacer perder bastante tiempo, pero se compensa con la seguridad que nos proporciona. (…)
Sin perder cota, bordeamos una pequeña faja que al comenzar a descender, nos deposita en las clavijas que por fortuna, permanecen intactas tras un año de espera. (…)
 Al llegar a la cornisa me quedo unos instantes mirando el agua, viendo como se precipita en silencio por aquel fantástico abismo. Un poco más allá, aparece el fondo del valle… lejos como nunca, pero a la vez, cerca… tan cerca.
(…) Tras localizar una roca de confianza, comienzo a burilar sobre la roca caliza.
(…) por fortuna no parece tan extraplomado como podíamos esperar, por lo que fraccionar no será complicado. Tras bajar unos 50 metros me encuentro con que la cuerda roza excesivamente sobre unos estratos laminados. (…) A mi izquierda y un poco más abajo, hacia la cascada, veo que aparece de nuevo la consistente roca caliza en una cómoda repisa, así que inicio una travesía en su búsqueda. (…)

Jero termina de montar la reunión anterior y se reune conmigo en la repisa (…) él seguirá bajando para instalar la próxima reunión. Le comento que baje todo lo que pueda mientras la recuperación sea limpia porque el tiempo se nos echa encima.
(…)Al llegar a su altura, observo que está completamente empapado. (…)el agua de la cascada se ha desviado hacia la reunión, mojándole por completo.
Podemos observar que hay visión directa (desde la repisa) hasta varios puntos donde se puede recuperar, así que bajaremos de una sola tirada. Esta vez me toca a mi bajar primero.
(…) Al alcanzar un diedro, la cascada me comienza a golpear con ganas. Pese a que el agua llega muy diseminada, el aire la empuja con tanta violencia que me desequilibra en un par de ocasiones. (…)El agua inunda cada rincón de mi espacio de visión, y el viento me ha sumido en un frío terrible.
(…)Abajo reina el caos. (…) Los vientos movidos por la cascada al caer, desplazan el aire a una velocidad increíble.(…)Tras descansar unos instantes, me pongo en la búsqueda de un lugar donde equipar una reunión.
Jero se encuentra ya cerca. Al llegar a mi altura, me balbucea algo que no logro entender. Tiene la cara tan helada que no puede articular palabra. (…)comenzamos mano a mano las tareas de recuperación. 

(…)El frío es terrible y en la base es casi imposible encontrar un lugar protegido del agua y el viento. Jero baja unos metros y protegido tras una gran roca continua meritoriamente con las labores de recuperación, sacando fuerzas de flaqueza. Yo trato de desenredar las dos bobinas. Tras una hora interminable, conseguimos recuperar toda la cuerda. Los dos estamos exhaustos y al borde de la hipotermia. 


Ya pasan de las 9 de la noche. Al llegar a la reunión, coloco mi cuerda y comienzo a bajar. Le digo a Jero que este rápel lo hacemos de una sola tirada.
(abajo)no nos invade la sensación de triunfo que imaginábamos. Todavía nos domina la necesidad de refugio y de sentirnos a salvo. “

Comienzan las repeticiones

La primera de ellas se realizó a escasas semanas de aquel descenso. La pernocta en la gran repisa, junto con la tormenta y el paseo en helicóptero amenizaron un primer intento de repetición lleno de suspense y también, de fustración.

“Empezamos sin problemas. Después de un pequeño rappel de unos 10 metros ya encontrábamos (…) la reunión del 80, donde también pudimos divisar la reunión del siguiente rapel, el de 120. Así superamos los dos primeros rapeles (…) al final del 120 el viento desviaba a intervalos regulares el agua de la cascada, cosa que hacía imposible rapelar momentáneamente ya que la fuerza del agua caída desde 200 metros sobre la cabeza y teniendo en cuenta que estaba acabada de salir del glaciar, hacían imposible hacer otra cosa que quedarse quieto y escondernos lo mejor posible en pequeños abrigos que ofrece la pared durante los rapeles. Por eso nos fue imposible encontrar la cabecera del 150

(…) decidí remontar unos 15 metros más arriba para clavar un par de espits en  una pequeña repisa  y montar otra cuerda para ver si estaba más abajo la reunión. Mientras tanto caían piedras de considerable tamaño constantemente y cuando estábamos recogiendo la cuerda, una me impactó en el hombro (…). En la reunión nueva volvimos a montar el 120 que ya habíamos recuperado de arriba y la intención era buscar la cabecera del 150 (…) una ráfaga de viento y agua me hizo imposible verla, (…)  Yo continué bajando hasta que me di cuenta que la reunión ya no podía estar más abajo y decidí clavar un spit que junto con un clavo nos servirían para montar el último rappel hasta la gran repisa.
(…) nos resultó imposible recuperar las cuerdas de la reunión de la repisa de las piedras, ya que (…) el nudo se enganchó en alguna grieta. Entonces pudimos llegar hasta la gran repisa, a 130 metros de altura metiendo la cuerda de 150 a la segunda nueva reunión en simple. Ante el agotamiento y los principios de hipotermia que teníamos, decidimos que no era seguro remontar y que lo mejor era esperar al día siguiente y así poder recuperar las fuerzas y las cuerdas.”


La cosa empeoró durante la noche, cuando una violenta tormenta asoló el valle, descargando granizo y lluvia en abundancia. Finalmente fueron rescatados en helicóptero por la gendarmería de montaña del valle al despuntar el amanecer.

Segundo intento

Tras aquel intento fustrado, el mismo equipo regresó poco tiempo después para terminar lo que empezaron y recuperar el material que entonces pendía abandonado entre las paredes de la cascada. Esta vez sí, el descenso se hizo con normalidad y consiguieron enmendar lo que hubieran de enmendar.

“Tras este suceso, nos enfrentábamos a un problema. Había que volver a intentar el descenso, con el fin de recuperar el material que tuvimos que abandonar en la cascada debido al cambio brusco de la meteorología.
(…)Así que decidimos darnos unos días y quedar para el  28 de agosto (…) En esta ocasión realizamos la aproximación hasta la cabecera del primer rapel de la cascada, (…) para poder acometer el descenso a primera  hora de la mañana antes de que empezase a soplar el viento.
(…) nos encontramos una tercera parte de la nieve que la vez anterior (…) tardamos una hora más en  bajar estas palas y descender las dos fajas,llegando a la cabecera del primer rapel a las seis y media de la tarde. Vivaqueamos bajo un bloque a la derecha orográfica del barranco donde pudimos descansar, esta vez con un tiempo formidable.

El sábado a las ocho de la mañana ya estamos equipando el primer rapel. Esta vez el caudal es apreciablemente inferior que en nuestro último intento, pero el viento vuelve a hacer de las suyas de vez en cuando, nutriéndonos de cubos de agua a granel (…)
Nada más llegar a la maldita repisa de la infamia, comprendimos cual había sido el problema. El nudo de empalme estaba atascado en una especie de embudo que hace la repisa mas abajo.
Alrededor de las doce nos encontramos los cuatro en la gran repisa con todas nuestras cuerdas y los  360 mts que dejamos en la pared ya recuperados. Una hora más tarde nos reunimos con Eva que nos espera con comida, bebida y otra espalda mas en el  fondo del circo. Circo que abandonamos con la fiel promesa de no volver en mucho tiempo.”


Continuará...



Fotografía y videos:

Mario Gastón
Jero García
Vicente Martínez
Joan Sabaté
David Bueno
Amancio Catala

Fuentes: 

www.barranquismo.org
www.barrabes.com
uecbarrancs.blogspot.com
www.tracalet.es

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