jueves, 29 de agosto de 2013

Sucusbamba



Aquí dejo este relato del descenso del Sucusbamba que escribí pocos días después de regresar de Perú, todavía con emociones y recuerdos frescos. Espero que lo disfruteis.

"Dos componentes de la expedición (Nitu y Ceci) permanecían ingresados en Lima hace un par de días, a la espera de diagnóstico por fuertes fiebres e intensos dolores articulares. Pero hoy por fin están los dos en casa mejorando poco a poco, cerca de los suyos que es la mejor receta para cualquier mal. Por ello es ahora cuando de verdad termina nuestra aventura en Perú y cuando podemos contar una historia con final feliz compuesta a su vez por otras tantas que han llenado cada día de nuestra expedición con emociones, miedos, incertidumbres y grandes aventuras. Momentos que han colmado nuestra retina de paisajes vírgenes y lugares fascinantes descubiertos por primera vez al ser humano y que forman parte ya de nuestras vidas.


Explorar en un país tan lejano, en una aldea tan remota y entre quebradas inaccesibles y desconocidas es siempre una odisea. A la falta de información hay que sumarle el hecho de que el barranquismo es una fórmula deportiva totalmente nueva en Perú. Además, no hay helicópteros de rescate, ni ambulancias, ni equipos especiales a los que acudir cuando uno se encuentra en apuros. Por eso la exploración se convierte en una aventura, por mucho que nos empeñemos en evitarlo.

Recuerdo cuando todavía en España comentamos la posibilidad de hacer este descenso; “nos han pedido que le echemos un ojo, por si es interesante abrir una ruta para turistas”. Y esa es la concepción que teníamos del barranco, un descenso sencillo, vistoso en algunos tramos, pero de escaso interés deportivo en su conjunto y casi seco, con algún rápel para darle algo de aventura. Lo que sí llamó nuestra atención fue su longitud: cerca de 7 kilómetros estimados sobre la cartografía.

Vistas de los inicios
del Cañón
Por la mañana bien temprano, salimos en un taxi hacia Lamud, donde llegamos al amanecer. Ya desde la pista de acceso nos encontramos con la primera sorpresa. El supuesto barranco seco resulta ser un caudaloso río de montaña que transcurre con moderada tranquilidad sobre un cauce abierto y de grandes dimensiones. Aguas arriba las montañas se levantan formando una gigantesca cuenca de recepción.
Pinturas y tallados que encontramos
 durante el acceso

Tras pagar lo acordado al taxista, decidimos seguir por la pista, ahora convertida en un camino muy marcado que se adentra hacia el interior del cañón. El camino se transforma en una senda en la cual encontramos un curioso rincón con pinturas y símbolos tallados en la pared de dudosa autenticidad…


La senda se fue volviendo cada vez más
tupida obligando a abrir paso
 a machetazos.
La senda se va perdiendo por momentos. En los tramos más cerrados, desenfundamos el machete para abrirnos camino, encontrando casi siempre continuidad. Aunque nadie comenta nada, algunos pensamos que la senda bordea el barranco y seguramente termine cerca de la desembocadura, donde existen unas ruinas Chachapoyas a las que sólo puede accederse por el interior. Con ese convencimiento continuamos abriendo camino en la cada vez más tupida selva amazónica.
Paso aéreo conformado por unos
troncos inestables.
La senda se difumina entre la espesa vegetación y nos tenemos que separar en varias ocasiones para buscar el camino. Hay pasajes sorprendentes, en los que troncos de apenas 10 cm de diámetro sirven de puente para salvar pasos enriscados que superan los 20 metros de altura.
Superando alguno de los tramos
más expuestos
Tras cerca de 5 horas abriéndonos paso entre la exhuberante vegetación, llegamos a un punto muerto. La traza desaparece y la vertiente se vuelve abrupta e intransitable. No hay indicios de que la senda tenga continuidad más adelante. Seguir abriendo trocha, además de agotarnos, ralentiza mucho el avance, por lo que optamos por bajar al río y seguir por un margen del cauce, ya que su amplitud permite superar los tramos de agua con bastante facilidad.

Vista general del cañón de Sucusbamba, cuando todavía seguíamos la senda.

La senda nos cierra finalmente y nos
obliga a bajar al cauce
Por momentos avanzamos con más rapidez que por la selva, lo que nos anima bastante después de la intensa lucha librada contra la vegetación. Además, el día es especialmente cálido y caminar cerca del agua nos refresca. Vamos saltando de piedra en piedra tratando de esquivar las corrientes. Llegamos a un tramo del barranco donde las marmitas comienza a cortar el paso, haciéndonos perder mucho tiempo en rodeos y cruces. Cansados de esquivar el agua, decidimos ponernos los petos del neopreno que “por si acaso” hemos traído y así avanzar directamente por el cauce.
Bajando al cauce del
Sucusbamba
La configuración del barranco va cambiando con cada curva. La idea original que teníamos por la información cartográfica era de un descenso de unos 7 km y 600 mts de desnivel, es decir, un perfil bastante plano. Pero la cota de entrada ha sido unos 200 metros superior y durante todo lo que llevamos, apenas hemos descendido un centenar de metros. Eso significa que el perfil que resta está adquiriendo pendiente y la probabilidad de encontrar cascadas y resaltes aumenta. Sin embargo, a lo largo de todo el descenso apenas hemos observado signos de encajamiento o resaltes importantes, por lo que inconscientemente vemos esa posibilidad algo remota.
En las inmediaciones del
cañón, sorteando las aguas
del cauce.
De pronto, el cañón se desfonda en una gran vertical. Las paredes del barranco desaparecen en el horizonte, donde todavía flotan las siluetas de las montañas que nos rodean. Mientras, una chimenea de agua pulverizada asciende desafiante.

Nos asomamos con paso tibio para descubrir lo que nos aguarda. Una estruendosa cascada de unos 25 metros, aderezada con rabiosa espuma y un angosto pasaje. Es algo con lo que contábamos después de todo, por lo que llevamos cuerdas suficientemente largas y material para instalar, así que lejos de contrariarnos, nos ponemos manos a la obra para superar esta primera vertical.

Cabecera de la primera cascada
La salida es sobre una cornisa, por lo que hacemos un rápel de aproximación para montar una reunión sobre la vertical. Tras bajar unos 20 metros, alcanzamos una repisa plana que más bien parece un balcón donde observar el espectáculo. A la izquierda, el agua del cañón se precipita sobre un pasillo de 5 metros de profundidad y 3 metros de anchura. Tras un súbito viraje a la derecha, el agua rompe en una curva tras superar un resalte de un par de metros, formando un marcado drossage a izquierdas.

Superando el primer rápel del cañón
Valoramos las diferentes posibilidades. Una pasa por cambiar de margen, algo difícil dada la distancia que nos separa y el ángulo de la cuerda. Por la derecha vemos la opción de alcanzar una plataforma que se encuentra a dos metros sobre la corriente. La salida desde ahí parece más factible, así que mediante un pasamanos, nos desplazamos 10 metros hacia nuestra derecha. Desde este punto conseguimos descender con un rápel hasta dicha plataforma.

Pasamanos de acceso para alcanzar
una repisa inferior
Valoramos si saltar y así salvar el drossage mientras tratamos de mantener el equilibrio sobre este suelo tan resbaladizo. Pero la espuma no deja adivinar la profundidad y hay algún indicio de que no es mucha – el agua sale con mucha velocidad. Saltar supone asumir un riesgo que no nos podemos permitir, así que el primero desciende con cuerda hasta el drossage. Allí trata de hacer pie sin conseguirlo. La morfología del cañón, con alternacia de estratos duros y blandos, nos hace sospechar que la corriente irradia justo sobre el más horadado y puede generar un atrapamiento. Con el agua ya por la cintura y todavía colgado de la cuerda, el primero consigue reptar sobre un estrato lateral y avanzar hasta alcanzar la corriente de salida. Allí se pone de pie y confirma nuestras sospechas: el agua apenas le llega por la rodilla. Sin embargo, la zona del drossage sigue siendo de profundidad desconocida. El resto del grupo llega a su posición mediante rápeles guiados al cuerpo. Todos conseguimos salvar la corriente y satisfechos, miramos los relojes. ¡¡Hemos perdido casi dos horas!!
Superando el drossage mediante
un rapel guiado

El siguiente rápel, tras el
drossage
Por la altitud a la que estamos, es evidente que todavía nos queda mucho barranco por superar y empezamos a ponernos en situación. Son cerca de las 4 de la tarde y en un par de horas se habrá puesto el sol. Continuamos avanzando superando los escasos resaltes que encontramos, hasta que el agua vuelve a perderse en el horizonte. De nuevo, un gran salto de 25 metros corta el camino de forma súbita. Ya hemos empleado casi la mitad del material en superar la primera dificultad y comienza a preocuparnos la posibilidad de quedarnos sin instalaciones, así que tiramos con lo justo, haciendo reuniones sobre monopuntos de 8 mm. La cascada cae canalizando en una fuerte corriente de salida, formando una marcada contra en la marmita adyacente. El primero desciende hasta flotar sobre la espuma y va dejándose llevar por el impulso de la corriente hasta alzanzar una zona segura. El segundo repite la maniobra también sin problemas. El tercero, se dispone a hacer lo mismo, pero un desequilibrio hacia la derecha le deja atrapado en la contra. Pese a sus esfuerzos, no consigue salir y se mantiene a flote peleando contra una corriente que le lleva directamente a la cascada. Rápidamente, los compañeros que se encuentra en la recepción le lanzan el extremo de la cuerda para ayudarle. Las mochilas pesan un mundo y se convierten en auténticos lastres dentro del agua, pero conseguimos salvar esta nueva dificultad.

De nuevo se nos han escapado un par de horas y aunque nadie dice nada, cada uno va barajando diferentes opciones. Pero el barranco no da respiro y a los pocos metros, de nuevo el agua se precipita al vacío.

Apenas nos queda una hora de luz. La siguiente dificultad es un rápel de unos 20 metros de altura que termina en un pasillo en curva. No sabemos que nos espera más adelante, pero las probabilidades de que caiga la noche mientras superamos el paso son muy altas.
Junto a un fuego, calentando y
secándonos un poco,
Tras hacer un rápido balance, decidimos escapar por un torrente seco que hemos dejado atrás. Después de los primeros metros, la selva invade el cauce y machete en mano, continuamos abriendo camino y superando resaltes como podemos, encomendandonos a la seguridad que ofrecen las matas que sirven de presa y que poco a poco van astillando nuestras manos. Nos vamos turnando con el machete, mientras el torrente va mermando nuestras fuerzas y nuestra moral. Parece no tener fin. El ritmo que llevamos es muy lento y las penumbras del atardecer amenazan con neutralizar esta huida a la desesperada. Agotados por toda una jornada sin descanso, deshidratados y sin una gota de agua, desolados por la imagen que ofrece la ladera opuesta que se levanta como una muralla infranqueable y derrotados por un altímetro que no deja de dar malas noticias, hacemos balance.
Las botellas se acumulaban a lo
largo de las orillas, lo que da idea de
la dudosa potabilidad del agua

El escarpado terreno ni si quiera permite pasar una noche en condiciones. Apenas hay un rellano donde poner ambos pies. Es posible que además encontremos alguna pared que nos corte el ascenso, y aunque llegáramos a lo alto del cerro, no sabemos si allí habrá algún camino. Así que decidimos regresar al cauce. En las orillas es más fácil encontrar un lugar donde dormir. Al día siguiente seguiremos por el medio que mejor conocemos: el barranco.

Un vivac con mucho cariño
Entre todos nos ponemos a trabajar en el vivac. Mientras unos cortan cañas para preparar un lecho uniforme y aislado de la humedad, otros recogen leña seca para preparar un fuego. Hacemos inventario de lo que tenemos. 6 pastillas potabilizadoras, pastillas de encendido, frontales, mantas térmicas y algo de comida.

Para el que no ha visto las aguas del Sucusbamba, es fácil pensar que el problema del agua era menor. Pero el barranco es utilizado como desagüe de los pueblos que hay en cabecera. El agua es de color marrón y abundan los sedimentos propios de una cloaca. Sabemos de las puntas de crecida por las acumulaciones de botellas, chanclas y calzados diversos que abundan por las orillas ( a veces a varios metros de altura ) y es posible que una sóla gota de agua de este río contenga más bacterias que todo el mar Mediterráneo. La decisión de dar por suficiente el uso de las pastillas no ha sido una opción, sino una necesidad.


Casi todos conservamos la muda seca de la aproximación, aunque a alguno le ha entrado agua en la bolsa estanca. Ponemos a secar al fuego pantalones, calcetines, neoprenos… nuestras manos. Absortos por las llamas que nos devuelven la vida, hacemos racionamiento de la comida que queda. Afortunadamente es bastante ya que no hemos comido nada durante el día.
Por la mañana temprano, comentando
algunos aspectos del descenso
El ánimo del grupo no ha decaído en absoluto. Las bromas se suceden, así como los comentarios irónicos. Recordamos las mejores jugadas entre risas y nos sentimos afortunados de habernos acomodado de manera tan comfortable en mitad de la selva. Al fin y al cabo no nos falta de nada. Sabemos que no vamos a pasar la mejor noche de nuestras vidas, pero también que la oscuridad pasará mientras descansamos lo suficiente para seguir con el descenso por la mañana. Además tenemos unos sobres que le dan al agua color y sabor a fresa, lo que permite olvidarnos parcialmente de su oscuro origen.

Poco a poco, las llamas ceden terreno a las sombras y las sombras, a un nuevo día.

Por la mañana, el frío nos despierta temprano. Apenas despuntan las primeras luces del alba, pero algunos ya estamos de pie y preparando algo de fuego. Vamos amaneciendo con caras cansadas, pero complacidos de haber superado la noche. Poco a poco nos incorporamos para recoger, desayunar y recuperar la vitalidad que nos ha robado la noche.

Estamos justo en la cabecera de la última dificultad. Hoy toca un relevo en la punta de descenso, así que a modo de testigo, el primero cede su puesto al nuevo, haciendo traspaso de poderes mediante la cesión del taladro y el walkie… todo un honor.
Aproximándonos a la siguiente
dificultad
La cascada que tenemos que superar canaliza con fuerza por la izquierda para terminar cruzando de margen y morir en un acaudalado pasillo con final incierto. Optamos por seguir una línea a la izquierda que nos permite progresar con relativa facilidad hasta un rápel de unos 15 metros. Desde ahí alcanzamos el final del pasillo. Por fortuna, el pasaje se abre y da un pequeño respiro. Pero no tardamos mucho en dar con la siguiente dificultad. Una enorme rampa resbaladiza que se pierde río abajo dejando entreveer solamente un gran estruendo que pone los pelos de punta.

El cauce ocupa casi todo el ancho, dejando libre apenas un palmo de roca muy resbaladiza. Para poder avanzar asegurado es necesario instalar desde aquí mismo. Pero apenas nos quedan instalaciones, así que aprovechando la morfología estratificada de la pared, improvisamos un doble abalakok, ahorrando unos valiosos anclajes.

El primero comienza a descender hasta alcanzar un estrato inferior donde tiene mayor visión de la dificultad que se avecina. La cuerda ya no da más de sí y no tiene más remedio que consumir otro de los anclajes para dejarla libre. Nos comunica por radio que podemos avanzar hasta su posición, así que uno tras otro alcanzamos la nueva plataforma. Al asomarnos, descubrimos un panorama sorprendente. El agua cae a gran velocidad hasta estrellarse violentamente en un pasillo de casi 90º. La espuma borbotea diabólicamente en una virulenta olla hirviente… no está claro por donde meterle. El margen izquierdo presenta árboles y algunas posibilidades de descenso mediante naturales, lo que podría ahorrarnos instalaciones. Sin embargo hay que hacer un cruce de vena justo donde el agua canaliza con más fuerza y el ángulo de salida de la cuerda no facilita en nada la maniobra. Por el margen derecho vemos una posible vía alcanzando una plataforma que se encuentra junto al punto de mayor ambiente. Desde ahí vemos posible una escalada hacia una zona arbolada desde la que podemos sortear la dificultad. Finalmente nos decantamos por esto último.
Abalakov que improvisamos para salvar
una rampa resbaladiza
Añadimos una desviación aprovechando un puente de roca, que mejora el ángulo de descenso. De nuevo hay un relevo en la cabeza y el primero consigue alcanzar la repisa y superar una resbaladiza travesía. Un descuido le haría caer directamente en lo que ya hemos bautizado como “la trituradora”. Pero con un golpe de habilidad alcanza una zona más o menos estable. Desde ahí y gracias al prototipo de taladro ligero que llevamos, consigue colocar con una sóla mano una instalación a más de dos metros de altura que servirá para proteger la escalada.
La "trituradora"

Sin embargo hay un fallo en los walkies y el primero decide continuar en solitario. Aunque le decimos que espere, no conseguimos establecer comunicación. Vamos contemplando la escena absortos. Poco a poco, va ganado altura sobre la resbaladiza pared. Cuando parece que ya la tiene superada, vemos como comienza a dudar… en un momento dado, recula y regresa a su punto de partida, incapaz de superar el paso en solitario. Un compañero baja para formar una pequeña cordada, alcanzando su posición. Una vez juntos, asegurado y con las dos manos libres, el primero consigue superar el paso y alcanzar una zona segura, donde sobre unas raíces monta una reunión. El resto del grupo se coordina para recuperar las cuerdas y superar el paso. Uno a uno vamos superando esta extraordinaria dificultad, hasta reunirnos en un tramo donde el cauce se ensancha ampliamente dándonos un respiro.

Superando el paso de la "trituradora"
El barranco continua ahora ya sin grandes dificultades. Largos tramos de cauce abierto se van sucediendo entre pequeños resaltes y cascadas que conseguimos esquivar por los laterales. El sol comienza a hacerse sentir y pronto notamos como los trajes nos ahogan de calor. El barranco parece no tener fin.
Y tras las dificultades... premio!
Un chupa-chups que nos supo a gloria.
En un punto del descenso vemos unas surgencias donde rellenamos un par de botellas de agua. No obstante el oscuro color que tiene nos hace desconfiar de su origen, que es una cascada que hemos visto y que no sabemos donde nace. Pero ya no podemos potabilizar más agua, asi que hacemos valer otro sobre de fresa como si fuera el mejor de los purificantes…
Tramos de transición
Atravesamos un caos de bloques donde un tronco nos ofrece un idílico anclaje natural que hacemos servir para superar un rápel de unos 10 metros. Más adelante, salvamos otro resalte mediante un natural a un bloque.

Poco a poco vamos perdiendo cota y nos acercamos al final del descenso. Son las 14 horas. Llevamos desde las 5 peleando contra el barranco, la sed y las mochilas. Cansados y medio deshidratados, apenas cruzamos alguna palabra… hasta que escuchamos un grito a lo lejos. Es un grito triunfal… es el final del Sucusbamba.
Pequeños rápeles antes de la
confluencia con el Utcubamba
El cañón agoniza tras superar una zona de angostas paredes verticales, donde el viento sopla con fuerza mientras el agua se vuelve mansa ante la inminente confluencia con el río Uctubamba, de más de 20 metros de anchura. Aunque todavía queda cruzarlo, nos sentimos como si ya estuvieramos al otro lado. La odisea del Sucusbamba ha terminado.

Río arriba, encontramos un largo tramo de aguas tranquilas donde nos dejamos llevar por la corriente mientras conseguimos desplazarnos a la otra orilla, no sin esfuerzo. Atrás quedan los momentos de incertidumbe que todos nos hemos callado y las sombras de ese paso imposible que pudiera bloquear el descenso.
Las consecuencias de la
odisea

Las consecuencias de la odisea
Ya han pasado algunas semanas desde aquella aventura. Después, todavía descendimos Yumbilla (que requiere un capítulo aparte), Chinata y exploramos y topografiamos la Cueva de San Francisco (surgencia de Yumbilla). Pero el Sucusbamba, un barranco que no creo que repita nadie en la vida, ha dejado entre nosotros ese regusto dulce propio de las grandes vivencias. Y es que no hay nada como perderse en un barranco desconocido de un pais lejano, para encontrarse de nuevo…"

Fotografía: Grupo de Exploración Gocta
Más información: www.barrancosenperu.es

Foto del grupo, tras cruzar el Utcubamba 























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