martes, 4 de marzo de 2014

Expedición ECH Runchet Khola

Runchet Khola

“Amanece lentamente en este rincón perdido en el tiempo. La luna llena, que se resiste a sumergirse en el horizonte, se despide fundiéndose entre las líneas rotas que perfilan esta selva asiática. Al oido nos llegan los sonidos de la montaña acompañados del rumor bravo del agua, que rompe en estruendo unos metros más abajo. Aquí estamos, siguiendo el camino excavado entre estas montañas, dispuestos a asombrarnos un día más con la naturaleza inexorable que nos confina junto a este río.”

Amanece en el Vivac 1
Quizás sea un extraño comienzo para un artículo sobre barranquismo. Pero son momentos como el descrito en estas líneas los que dan sentido a cualquier exploración. Era el amanecer del tercer día de apertura en el Runchet Khola. Habíamos pasado noche en el interior del cañón, vivaqueando bajo una oportuna visera de montaña desde la que dominábamos todo el valle. La sensación de estar en un lugar remoto que ni si quiera el hombre ha pisado y que todavía mantiene intacta la esencia de hace miles de años es el gran regalo de esta actividad deportiva.

El barranquismo entendido como herramienta de exploración nos ofrece la oportunidad única de arrojar luz sobre los rincones más salvajes y desconocidos de la tierra. A todo ello, hay que sumarle el reto deportivo que puede suponer la apertura de un cañón de casi 2.500 metros de desnivel y 11 kilómetros de desarrollo.

Cascada en el tercer tramo del Runchet Khola
Pero la exploración deportiva no es algo que hayamos descubierto ayer. Desde que allá por los años 50 se comenzaran a ollar los picos más altos del planeta y las cuevas más profundas del mundo, exploración y reto deportivo han caminado juntos. Sin embargo, no siempre han tenido el mismo peso. Quizás en el alpinismo de altitud, con sus cumbres descubiertas al cielo, ha pesado más la cifra que la meta exploratoria. Y sin embargo, los escenarios que hay que superar para alcanzar esas cumbres son de una belleza escalofriante.

La espeleología moderna, si bien también padece del “psíndrome de la cifra”, sigue practicándose mayoritariamente por puro interés exploratorio. Todavía en España hay mucho por descubrir bajo los afilados lapiaces de nuestras montañas. Un mundo que los espeleólogos se empeñan en representar a través de meticulosas topografías y detallados estudios geológicos. Una evidencia más de que en esta disciplina, el interés deportivo sigue estando un escalón por debajo de la curiosidad humana.

El barranquismo comparte con la espeleología ese profundo interés por indagar y explorar, pero a la vez, al igual que en el alpinismo, hay un creciente movimiento deportivo centrado en las cifras y que aparece retratado en las últimas actividades realizadas. Las cascadas más altas del mundo, los cañones más caudalosos y los barrancos de mayor desnivel. Son tres dimensiones de la disciplina, donde se están forzando sus límites. Pero llega un momento en cualquier deporte donde también las cifras comienzan a perder peso dando paso a una segunda evolución deportiva más centrada en el estilo.

ECH y Runchet Khola

El proyecto de Explorar Cañones en el Himalaya (ECH) nació en su día con el objetivo de descubrir y catalogar los cañones del macizo. Fundado en su mayoría por espeleólogos de diferentes comunidades autónomas, este equipo ha ido creciendo y sumando deportistas de todas las especialidades, siendo el barranquismo un punto de encuentro y la mejor excusa para viajar y descubrir nuevos rincones.

El proyecto de Runchet Khola nace como consecuencia de una evolución deportiva. Tras un primer año de prospecciones y un segundo de aperturas, el conocimiento del macizo y de las particularidades de sus descensos había madurado lo suficiente como para dar un salto cualitativo y cuantitativo. Se había trabajado bastante en articular nuevas fórmulas de trabajo y en el diseño de nuevas herramientas para afrontar este tipo de descensos. Desde la confección de taladros sumergibles, de apenas 3 kg y gran autonomía, hasta el uso de instalaciones de progresión ultraligeras o la apuesta por el uso de nuevos materiales textiles. Para ello ha sido imprescindible la implicación de empresas como Index, Injusa, CLR o Tecnomar. Desde aquí, nuestro más profundo agradecimiento.

El salto que queríamos dar era ambicioso. Queríamos dejar de lado la exploración de zonas para centrarnos en un único cañón con los suficientes alicientes como para que valiera la pena dedicar toda una expedición a su apertura. Desnivel, encajamiento y caudal eran los parámetros que iban a determinar la elección de ese descenso.

Lo primero que se hizo fue trasladar la fecha al mes de abril para desarrollar la actividad durante el periodo de estiaje, algo fundamental en un cañón de estas dimensiones (más de 34 km2). Eso dejaba un año de margen para elegir el cañón, definir los objetivos y pautas de exploración y a partir de ahí, trabajar sobre nuevas fórmulas de trabajo.

Régimen hidrológico del Khali Gandaki
 a su paso por Khalte
LA ELECCIÓN DEL CAÑÓN

Harían falta diez vidas para recorrer los diferentes valles del Himalaya, prospectar sus diferentes cañones y así decidir con certeza el cañón ideal. Sin embargo, sólo disponíamos de apenas un año. Afortunadamente, las nuevas tecnologías unidas a la red global permiten explorar territorios inhóspitos sentados desde el sofá de casa. Google Earth se ha convertido en una valiosa herramienta para arqueólogos e investigadores de todo el mundo. Se han descubierto pirámides, bosques ignotos, construcciones prehispánicas… así que, ¿por qué no explorar también los cañones del Himalaya?

Pero no es tan fácil como sentarse y darle al ratón. G.E. permite localizar cañones, pero no da ni una pista de cómo es su interior. Estas cicatrices de la tierra siguen escondiéndose y manteniéndose a salvo incluso de los entrometidos satélites. Fueron necesarias muchas noches de insomnio para completar una búsqueda que realmente jamás llegó a terminarse …
Captura del Google Earth sobre el macizo del
himalaya, con algunos de los cañones seleccionados
Encontramos un número sustancial de potenciales descensos y se hizo una selección de aproximadamente una docena. Pero factores como la inaccesibilidad, encajamiento o el aislamiento no podían deducirse sólo con la información de una ortofoto. Fue la experiencia de Fernando coordinando las anteriores expediciones lo que permitió descartar un buen número de ellos hasta reducirlo a un puñado de descensos, de los cuales y por consenso destacaron dos: el Dobhan Khola y el Runchet Khola, cañones ubicados en la cuenca del Budhi Gandaki, uno de los grandes ríos de Nepal nacido a los pies del Manaslu. El hecho de que fueran colindantes y pertenecieran al mismo valle no fue una casualidad, sino uno de los hechos motivadores de su elección, ya que permitiría disponer de un plan B.

PREPARANDO LA EXPEDICIÓN

Para evitar sorpresas de última hora y mejorar el trabajo en equipo, se realizó un programa de entrenamiento con la idea de poner en práctica sobre el terreno las ideas surgidas en las diferentes reuniones. Se buscaron escenarios homólogos dentro de la península donde ensayar y a partir de ahí se testaron diferentes sistemas de vivacs, menús y fórmulas de progresión. De cada actividad se hizo una puesta en común y se debatieron los puntos discordantes hasta llegar a un consenso. Hay que resaltar la buena sintonía que ECH mantiene con otros equipos, como Proyecto Gocta (dos componentes de ECH participan en ambas expediciones), y que ha permitido evolucionar algunos materiales y prototipos, como los taladros1.

1) De la expedición Yumbilla 2012, se realizó un exhaustivo informe que ha permitido introducir mejoras importantes en la fiabilidad y la operatividad. También la experiencia acumulada en grandes aperturas por terreno selvático ha permitido consensuar unas pautas de trabajo a la hora de prospectar, por las similitudes existentes entre ambos países (guías locales, porteo mediante animales de carga, apertura de sendas…)

Cabe destacar el entrenamiento realizado en T1-Santa Elena, una travesía espeleológica del pirineo donde se vivaqueó en busca de condiciones ambientales hostiles (oscuridad, humedad, temperaturas por debajo de los 6º y progresión por río subterráneo con gran encajamiento). También se probaron algunos preparados de comida liofilizadas, se ensayaron diferentes combinaciones térmicas (trajes secos, Lavacore, neoprenos…) y se obtuvieron las primeras sensaciones con las cargas de las mochilas, progresando con ellas por un terreno altamente complejo y accidentado.

Entrando a la travesía T1-Santa Elena
Pero quizás el más relevante fue el llevado a cabo un mes antes de salir, donde se hizo un simulacro de exploración en la Sierra de Guara. Allí se probaron los menús definitivos, los taladros, los nuevos sistemas de vivac, las combinaciones térmicas, los sacos de dormir y un sinfín de pequeños detalles, cruciales para el éxito de la expedición. Durante tres días, se estuvieron encadenando diferentes descensos en total autonomía, pernoctando en el interior y avanzando con toda la intendencia a la espalda. La meteorología fue dura, ya que llovió intensamente durante los tres días y la temperatura no superó los 6ºC.


Vivac primera y segunda noche durante el entrenamiento en la sierra de Guara
Las conclusiones fueron esperanzadoras ya que conseguimos salvar las dos noches en unas condiciones medianamente confortables.

Probando los menús de expedición
COMIENZA LA EXPEDICIÓN

Finalmente, el día 10 de abril partió una avanzadilla de 3 personas hacia Katmandú para agilizar todas las gestiones antes de que llegara el resto del equipo. El 17 ya estaba todo preparado para partir. A las 6 de la mañana, un autobús 4x4 nos esperaba en el hotel para sacarnos del tumulto y del caos urbano, y acercarnos por fin a los valles del Himalaya.

Tras una larga jornada de autobús y dos días de trecking, por fin llegamos a nuestro destino, una población ubicada a 800 metros por encima del Budhi Gandaki denominada Runchet y que daba nombre también a nuestro todavía desconocido cañón. Dos guías, dos cocineros, cinco porteadores, diez barranquistas y veintiuna mulas cruzamos las callejuelas de aquella población, sembrando el desconcierto entre sus habitantes. Casi aturdidos, apenas capaces de devolver el tradicional “namasté”, aquellos aldeanos nos miraban fascinados. Ni que decir cabe, que despertamos la curiosidad de toda la comunidad, especialmente de los más pequeños, muchos de los cuales jamás habían visto a un occidental.
Caravana de expedición ascendiendo
por la senda que va de Maccha a Runchet
El campamento, tras pedir permiso a los lideres de la población, lo ubicamos junto a las escuelas, sobre una amplia llanura de tierra gris. Tiendas de campaña, comedor, cocina y hasta un baño aparecieron de la nada, dando forma poco a poco a lo que cada vez se parecía más a un campamento base. En cuestión de unas horas, aquella explanada vacía se convirtió en lo que sería nuestro hogar durante los próximos 30 días. Sin embargo, para los nepalies aquello se transformó en lo más parecido a un circo, pasando del estupor al interés y del interés a la jarana. Desde los alrededores se acumulaban tras piedras y muros, grupos de niños, adolescentes y ancianos observando con atención cada uno de nuestros movimientos.
Noche en el campamento base
Para romper el hielo y cruzar aquella barrera imaginaria que había entre los habitantes y nosotros, repartimos globos y chupachups entre los más jóvenes2. Un globo por una sonrisa, pocas veces un trueque fue tan rentable.
2) Está contraindicado repartir caramelos y dulces entre la población, ya que favorece la aparición de caries y otros problemas bucales, algo muy serio en una sociedad con tan pocos recursos. No obstante esta norma que hay que seguir a rajatabla entre las poblaciones situadas cerca de los trecks, entendimos que podíamos romperla por un día en un poblado donde aquel gesto era inofensivo por la escasa visita de turistas y en consecuencia, el nulo impacto en su salud.
Primer contacto con la población de Runchet

COMIENZA LA PROSPECCIÓN

Desde que dejamos el autobús en Arughat, el mal tiempo nos había acompañado durante todo el camino. Había llovido todos los días de forma moderada, aunque conforme pasaban los días, aumentaba la frecuencia e intensidad de estas precipitaciones.

Estos primeros días los dedicamos a prospectar el cañón tanto aguas arriba como aguas abajo. Con la ayuda de guías locales, avanzamos por las pequeñas sendas existentes en las laderas, descubriendo poco a poco cómo era el interior del descenso. Hacia abajo comprobamos que existían zonas bien trabajadas, con pasos que ya desde la distancia tenían difícil solución. También marcamos posibles escapes y bajamos hasta la confluencia con el Budhi Gandaki. Allí comprobamos que el cruce del río en libre era realmente arriesgado. El cañón desembocaba justo en una de las zonas más estrechas. Las aguas se precipitaban enérgicamente poco antes de cruzar frente al Runchet Khola.
Aguas arriba las impresiones eran diversas, ya que el terreno accidentado y selvático complicaba la visualización de amplios tramos del cañón y se tuvo que abandonar la prospección a la cota 2.600, debido a una fuerte tormenta.
Prospectando la cuenca inferior del
Runchet Khola por su margen derecho.

Durante los siguientes días continuamos trabajando en la parte superior. Si bien conocíamos un acceso directo desde el margen derecho que nos dejaba en la parte superior de la cuenca, era el margen izquierdo el único con posibilidades de encontrar escapes que permitieran sectorizar la apertura y ganar seguridad. Por eso decidimos trabajar en un acceso por este margen. Sin embargo, la mala meteorología nos preocupaba cada vez más, ya que a parte de dificultar enormemente los trabajos de exploración, iba sumando agua al descenso día a día.

EL CAMPO 1

Localizamos un buen lugar donde ubicar un campamento avanzado, casi a 3.000 metros, junto a un afluente que podría servir de escape. Pero había que decidir qué hacer mientras tanto, dado que las lluvias no parecían remitir y entre el grupo planeaba la posibilidad de que se tratara de un premonzón adelantado. Finalmente se tomó la decisión de montar el C1 y comenzar a trabajar el acceso a la cabecera a partir de esa cota.
Campo 1
El día 23 por la mañana se formaron dos equipos. El primero de ellos con la misión de prospectar el afluente del C1 y comprobar su viabilidad como escape. El resto se encargaría de la tareas de traslado y montaje del campamento avanzado.

La prospección del escape no arrojó grandes esperanzas. Se exploró el afluente hasta la confluencia con el Runchet, abriendo senda y montando varios rápeles por un terreno muy difícil y escabroso, por lo que se declaró el escape como inoperativo. Sin embargo, valdría como salida de emergencia en el peor de los casos.

El día 24, un equipo marchó con el objetivo de alcanzar la cabecera, con la ayuda de los guías locales. Tras superar varios afluentes alcanzaron un tramo de cañón más abierto donde se montó un C2 que serviría de punto de avituallamiento y se continuó abriendo senda hasta alcanzar por fin la cabecera del cañón, justo al inicio de la cota de nieve y tras atravesar varios neveros. Aguas arriba el cañón seguía por cauce bien excavado pero parte del mismo se encontraba ya congelado.
Tramos superiores. Ubicación de campos avanzados


COMIENZA LA APERTURA

El día 25 de abril fue un día muy especial. Por fin íbamos a tener el primer contacto con el interiór del cañón. Un equipo ligero se encaminó antes de que despuntara el alba hacia la cabecera del Runchet Khola con la idea de explorarlo hasta el C2. Aquel tramo iba a desvelar muchas de las incógnitas que teníamos todavía sin resolver. No era poco trabajo el que había por delante. Debíamos abrir 400 metros de desnivel y no teníamos ni la más remota idea de qué dificultades íbamos a encontrar. Pese a que las lluvias de los día anteriores habían incrementado sensiblemente el caudal, por fortuna todavía en estos tramos alpinos podíamos abordarlo sin problemas.
Explorando un acceso hacia la cabecera del cañón
Indra, nuestro guía durante todos estos años, celebró la tradicional puja donde tras una ofrenda de flores, se encomendó nuestra suerte a Shiva, nuestro dios protector. Mientras todavía humeaba el incienso en aquel altar improvisado a 3.360 metros, a lo lejos el Manaslú nos obsequiaba con la claridad de un amanecer extraordinario. Lavacore, trajes secos, chaquetas estancas, botas... poco a poco nos fuimos vistiendo para el momento. El tintineo de los mosquetones rompió por fin entre el rumor de aquellas aguas y poco a pocos nos sumergimos en la intimidad del valle.
Campo 2

Durante el descenso empleamos gran cantidad de anclajes naturales, utilizando el taladro cómo última alternativa. Lo que pensábamos que sería un tramo con escasas dificultades y de transición nos obligó a instalar un total de 13 rápeles, dotando a esta parte de una continuidad sorprendente. No fue hasta las 15h cuando por fin asomamos desde lo alto de la última cascada para poder divisar a nuestros compañeros aguardando desde el C2. Una vez abajo, nos fundimos en una marea de abrazos y celebraciones.

A todo ello había que sumar otra gran noticia. Desde el teléfono satélite nos llegó información desde Katmandú de que nos esperaban 15 días de buen tiempo. ¡15 días! Todo se vestía de un optimismo inesperado.
Primer rápel del Runchet Khola

Al día siguiente tocaba afrontar el tramo más largo del descenso. Tras declarar el escape como inoperativo, teníamos que superar 800 metros de desnivel lleno de incógnitas. Era el momento de poner a prueba todo lo ensayado a lo largo del año. Se hicieron dos equipos, uno de apertura y un segundo equipo de apoyo encargado de topografíar y donde iba Sanda, nuestra médico. Entre uno y otro se dejó un intervalo de tiempo para evitar esperas y dinamizar el descenso.

Explorando y topografiando
el segundo tramo del cañón

Las mochilas con toda la intendencia de vivac pesaban un mundo. Con cerca de 30 kg, suponían pesados lastres que desequilibraban la progresión, aumentando el desgaste físico y el riesgo de caída. Desde el principio adoptamos un ritmo pausado que nos permitiera avanzar con seguridad. Al fin y al cabo llevábamos comida para tres jornadas. El primer equipo pasó la noche en las inmediaciones del cauce, aprovechando una zona boscosa donde instalaron hamacas para vivaquear. El segundo equipo aprovechó un abrigo de montaña ubicado entre dos cascadas para cenar y pasar la noche.

Fue un magnífico amanecer. Tanto la cena como el material utilizado en el vivac demostraron cumplir perfectamente su misión. Pese a la lluvia caída durante la noche, nos levantamos con energías renovadas, dispuestos a continuar con la exploración hasta el punto de encuentro, establecido en la cota 2.200.

Vivac primer y segundo equipo respectivamente

Este largo tramo de descenso tampoco defraudó a nadie. Desarrollado entre la intimidad de los selváticos bosques nepalies, el cañón discurría salvaje entre escenarios evocadores de otras eras. Musgos y líquenes vestían rocas y árboles, contrastando con tranquilas badinas y cascadas espumosas. El agua nos acompañaba poniendo la banda sonora a este paisaje extraordinario donde tuvimos que superar más de 30 cascadas.
Tercera jornada de exploración en el Runchet Khola
En las cercanías del punto de salida, nos encontramos al resto del equipo con nuestros guías y porteadores. Juntos celebramos este gran paso que nos acercaba poco a poco a cumplir nuestro objetivo. En tres días habíamos abierto casi 1.200 metros de descenso y brillaba el optimismo entre todos los componentes. La parte más dura de la expedición quedaba atrás y regresábamos de nuevo al confortable campo base.

Pero todavía quedaban 1.300 metros de cañón por explorar y los afluentes superados habían sumado un caudal considerable, por lo que no podíamos perder mucho más tiempo. Los tramos intermedios nos acercaron a Runchet a través de unos inicios salvajes y muy vestidos que iban perdiendo progresivamente el ambiente selvático. Superamos varios saltos durante el recorrido. Algunas marmitas presentaban fuertes movimientos de aguas que obligaron a utilizar la cuerda para remolcar a los miembros del equipo.
Salto de 10 metros en una de las badinas del cuarto tramo
Sacando a un compañero atrapado en una contra.
El día que abrimos el tramo que atraviesa Runchet se convirtió en un espectáculo para sus habitantes. Los escolares disfrutaron de una mañana festiva y se concentraron al borde de las paredes y las orillas. Por fin iban a descubrir qué es lo que aquellos extraños estaban haciendo durante estos días. La experiencia fue cuanto menos extraña. Tuvimos que lidiar con una de las cascadas más complicadas del descenso mientras los habitantes de Runchet nos observaban a lo lejos. Creo que jamás una exploración ha disfrutado de tanto público y tan agradecido. Tras cada salto o rápel, se escuchaban aplausos y efusivas palabras de ánimo. Sin lugar a duda, toda una vivencia difícil de catalogar y de olvidar.
Superando un fraccionamiento en una de las cascadas que
atraviesan la población bajo la atenta mirada de sus habitantes.

Mientras terminábamos de abrir el tramo de Runchet, el cielo se fue encapotando. Nadie se podía imaginar lo que venía a continuación. Habían pasado un par de horas desde que llegamos al campamento base, cuando se desencadenó una tormenta descomunal. El agua empezó a correr entre las tiendas del campamento en cuestión de segundos. Los afluentes entraron en carga y el cañón se convirtió en una lengua de turbulenta agua marrón. Este episodio nos puso en alerta. La rápida respuesta del barranco dejaba poco margen de maniobra si sufríamos una tormenta en mitad de la jornada de apertura. Teníamos que cuadrar horarios para evitar permanecer en el cauce durante la tarde.
La lluvia torrencial provocó una gran crecida
 en el cañón. Entre ambas fotografías apenas
 transcurrieron unas horas.
El barranco, tras dos días todavía no se había normalizado. El caudal se mantenía por encima de los niveles de días atrás ya que las lluvias habían continuado precipitando durante las tardes, aunque sin ser tan intensas. Aprovechamos las jornadas de transición para explorar escapes y establecer puntos de encuentro. El tramo de Runchet hasta la confluencia del Budhi Gandaki, de unos 700 metros de desnivel, lo articularíamos en dos jornadas. Aun así, temíamos que si esperábamos demasiado, sufriéramos un nuevo episodio de lluvias torrenciales, lo que implicaría perder tres días más que ya no teníamos. Así que tras valorar el caudal, decidimos entrar.

Los inicios de este tramo fueron muy deportivos y estéticos. Tres cascadas consecutivas enmarcadas dentro de uno de los sectores más excavados del descenso nos dieron la bienvenida. Atravesamos las cortinas de agua que formaban estas verticales, tomando aire en más de una para poder superarlas.
Tramos medios y finales. Ubicación de campo base y
confluencia con el Budhi Gandaki.
Superando un pasillo
Tras este bonito tramo, continuamos por un caos de bloques de gran tamaño que rompían el discurrir del agua con resaltes, sifones y pasos subterráneos. Tras superar un acaudalado pasillo, llegamos a un resalte donde montamos una reunión colgada sobre el margen derecho. El rápel caía directamente sobre la vena de salida de una marmita. La corriente arrastraba con fuerza hacia un canal con un sifón terminal. El primero fue el primero en percatarse de la corriente, consiguiendo escapar de ella tras dar unas enérgicas brazadas. Aún así, por un momento se vio sorprendido, advirtiendo al resto del equipo del peligro y preparando a continuación una cuerda para alcanzar el otro lado.
Pero no fue la única sorpresa que nos aguardaba este tramo. El agua terminó por precipitarse sobre un nuevo pasillo, desapareciendo bajo la horizontal mientras se desplomaba el paisaje. Al asomarnos descubrimos una cascada de unos 60 metros. El agua, antes de caer, impactaba en un resalte a unos 7 metros, rompiendo en cólera justo en un punto donde las aguas superficiales se sumaban al caudal de un afluente subterráneo. Tras una escalada, alcanzamos sobre el margen izquierdo unos árboles donde instalamos la cabecera del rápel. Unos 20 metros más abajo, montamos una reunión desde la que por fin alcanzamos la base.
Superando el primer rápel del sexto tramo

Abajo el cauce se abría, aunque pronto se volvió a encajar en un tramo de cuarcitas extremadamente duras. Intentamos taladrar, pero la roca era impenetrable. Había que superar un pasillo que desembocaba en un cascada de unos 15 metros. Forzamos el paso con clavijas, instalando un pasamanos de unos 10 metros, pero justo en el punto clave que nos permitía bajar hasta la recepción desaparecieron las grietas y cualquier posibilidad de instalar un anclaje, por lo que tuvimos que retroceder y buscar otra alternativa. Finalmente, escalamos por el margen izquierdo hasta un gran árbol ubicado a unos 15 metros sobre el cauce. Desde allí mediante un rápel de unos 25 metros superamos la cascada. Era la última dificultad de este tramo y en el punto de encuentro ya nos esperaban los porteadores y el resto del equipo. Fue una de las jornadas más largas de toda la expedición a la que había que sumar el tedioso retorno hasta el campo base.
Superando un rápel en la zona de caos
Lanzando una cuerda para ayudar a cruzar una corriente peligrosa asociada a un sifón.
Fraccionamiento en la cascada de 60 metros
La siguiente jornada decidimos dejarla de descanso para que todos los miembros de la expedición se recuperaran y así disfrutar juntos de la apertura del último tramo hasta la confluencia con el Budhi Gandaki.
Asegurando una travesía para salvar la siguiente dificultad.
El día 5 de mayo nos encaminamos hacia el último tramo del Runchet Khola. En principio un sector que no deparaba grandes sorpresas aunque con partes desconocidas que no habíamos podido prospectar debido al terreno tan complejo que lo rodeaba. Varios resaltes, rápeles y cascadas nos dejaron en la recta final del descenso, hasta que por fin llegamos a la confluencia de un Budhi Gandaki embravecido por las lluvias de los últimos días. Atrás quedaban los momentos de dudas, de incertidumbre, los debates, los campamentos avanzados, las raciones y los 2.459 metros de un descenso que no sólo ha supuesto una gran experiencia para nosotros, sino que establece una nueva forma de afrontar la exploración de estos grandes cañones.
Formando un cordón para ayudar a un compañero a salir de una badina. El trabajo en equipo se convierte en el pilar principal de cualquier expedición.
Esquema general
EXPLORAR Vs BARRANQUEAR

Esta expedición al himalaya ha supuesto una gran esfuerzo para todos sus componentes. Por una vez en este deporte, nos gustaría que no se midiera el trabajo del equipo únicamente por lo que es el cañón –descenderlo sólo ha supuesto 7 de los 35 días- sino por el conjunto de una actividad exploratoria sin precedentes. No se trataba sólo de un grupo de amigos que apostaban por dar salida a sus inquietudes, sino de una ambiciosa apuesta por una forma de hacer las cosas, de establecer nuevos objetivos y de marcar un estilo que ayude a dirigir el rumbo de estas exploraciones.
Estudiando junto con nuestros guías y gente del lugar las posibilidades de trazar un acceso a la cabecera por el margen izquierdo.
Alguno no creerá que cuando por fin tomamos la última lectura con el GPS ninguno sabíamos que habíamos batido un récord. Pero así fue, entre otros motivos porque nuestro objetivo era otro, más centrado en la forma y la filosofía de trabajo.

Pensamos que han sido muchas las fronteras que hemos superado con esta actividad. Por un lado, abordar la apertura de un cañón de más de 2.000 metros de desnivel en una sola expedición es algo que no tiene precedentes. Lo más aproximado de lo que tenemos referencias es la expedición Chamje Khola, que supuso hasta la fecha el mayor desnivel del mundo en un barranco deportivo, con 2.300 metros. Pero este cañón comenzó a abrirse en el 2006 y no fue hasta el 2011 cuando se culminó su exploración, abriéndose 1.300 metros más. Y pongo entre comillas lo de “abriéndose”, ya que en esos 1.300 metros hay dos tramos todavía inexplorados –las circunstancias obligaron a buscar escapes a sus aperturistas- y que por lo tanto, no puede considerarse como una apertura completa.
Preparando las raciones de vivac para los equipos de apertura.

Pero no sólo eso. Ni si quiera el Chamje Khola ha sido descendido de forma integral. Es decir, no ha habido un equipo de personas que en una misma expedición haya descendido secuencialmente cada uno de sus tramos. Sin embargo, el Runchet Khola sí que se ha abierto por completo, en una sóla expedición y por un mismo equipo de forma secuencial.
Radios, portátiles, GPSs, taladros…
todo debía estar listo cada día para que la
actividad se desarrollara sin problemas.

Conseguir todo esto no ha sido fruto de la casualidad ni de las facilidades que el cañón haya podido ofrecer. En absoluto. Hemos dedicado un gran esfuerzo y tiempo a explorar y prospectar, convirtiendo en accesible lo inaccesible y en posible lo imposible. Sólo en la exploración de sendas y escapes hemos acumulado más de 10.000 metros de desnivel por persona y han habido jornadas que se han superado los 2.200 metros.

Se trabajó mucho en el diseño de vivacs que se adaptaran a cualquier meteorología y entorno. Al final la solución fue la confección de lonas modulares ultraligeras de silnylon.

Tampoco ha sido fácil organizar toda la logística. Porteadores, guías, cocineros, guias locales, etc… Para poder trasladar toda la intendencia hasta Runchet hizo falta un despliegue de medios difícil de imaginar para una expedición barranquista y que pudimos llevar a cabo gracias a las facilidades que desde Namasteviajes.com nos han brindado desde que comenzamos con las exploraciones en el macizo.

Vistas del Manaslu

TRES AÑOS DE TRABAJO

La experiencia y el trabajo de estos últimos años ha permitido ir introduciendo mejoras y nuevos materiales en la exploración. Fruto de ello ha sido ya no sólo el éxito de la expedición, sino el poder plantearnos algo así. Desde la mejora de los taladros, a la introducción de los nuevos tarps ultraligeros para vivacs o los anclajes ECH, pasando por el estudio de los menús, la elección de los sacos, la confección de mapas de zona y como no, el soporte y apoyo de Sanda, una de las pocas médicos de expedición capaces de moverse de forma autónoma en estos entornos y especializada en extrema periferia. Pocas cosas quedaron para el azar.
Gestionando un paso complicado durante la apertura
Todo ese esfuerzo se materializa en el Runchet Khola, un descenso que nos ha enseñado cómo hacer las cosas y que simboliza un nuevo éxito del barranquismo español. Los próximos retos del futuro no sabemos por donde van a venir. Pensamos que es hora de abandonar las cifras y sumergirnos en la intimidad más inexorable del descenso, allí donde no llega ni la luz del sol ni los taquígrafos, pero aguardan las mayores dificultades del planeta. Los rincones más fascinantes que uno pueda imaginar nos esperan justo allí. Cañones que ya no trascenderán a estas páginas pero permanecerán en la memoria de sus aperturistas como las experiencias más arriesgadas y emocionantes jamás vividas.

Llegando a uno de los lugares más bellos del descenso, bautizado como el rincón de los helechos

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