jueves, 28 de agosto de 2014

Cinco días bajo tierra (I)

Explorando una sima en el macizo de Lecherines

 La espeleología sigue siendo un deporte extraño y distante, marginado por medios e instituciones tal vez por ser una pieza de difícil encaje dentro del escenario deportivo y competitivo. Se desarrolla en un medio oscuro, frío y húmedo que más que atraer, provoca verdadera aversión. Y realmente esconde pocos alicientes sensoriales. Sólo la curiosidad humana o la sed de aventura y conquista pueden llegar a explicar las motivaciones que nos llevan a los espeleólogos no solo a explorar, sino incluso a disfrutar de la exploración.

Observando unas curiosas formaciones filamentosas de yeso
A todo esto hay que sumarle que hasta los grandes logros hay que comérselo con patatas, ya que trasladar lo que se ha hecho a los habitantes de la troposfera, por muy magno lo descubierto, siempre será en vano. Así que los que compartimos este húmedo y oscuro mundo de colores desteñidos, compartimos además la camaradería y complicidad de batallas libradas que sólo los troglófilos entendemos y podemos vislumbrar en nuestro imaginario. Y quizá, ese sea también uno de los motivos por los que cuesta tanto despegarse del mundo subterráneo. Aunque seguramente Platón no entendería a los que precisamente vemos la luz en las profundidades de las cavernas.

Cenando en el vivac
Tratar de explicar o justificar lo que nos motiva a meternos en estos agujeros y permanecer en ellos durante varias jornadas es tan inútil como tratar de hacer entender a la humanidad por qué me gustan tanto los espagueti a la carbonara. Es una cuestión de gustos, de actitud, de experiencia... ¿Nos gusta estar ahí abajo? No, pero volveremos en cuanto podamos.


No quiero hacer aquí un informe documental-histórico del Sistema(1) Lecherines ya que ni soy la persona adecuada ni creo que añadir muchos nombres y fechas sirva más que para empantanar la lectura del neófito. Tampoco quiero vestir el texto de la sobriedad impasible que suele acompañar los documentos espeleológicos, ni tampoco explicarme a lo Jesús Calleja. Así que me limitaré a lanzar un par de datos que son necesarios para entender el contexto actual.

1: Sistema, para entendernos, es un conjunto de simas o cavidades interconectadas, con varias bocas de entrada que pertenecen a una misma red subterránea.

Topografía del Sistema Lecherines

En las proximidades de "La Chufa"
El primero de ellos, es que el macizo se viene explorando desde 1965, es decir, casi 50 años ya. En segundo lugar, que la primera entrada al sistema (sima C-12) se descubrió en 1987. Estos datos lo que tratan de contextualizar es un macizo muy trabajado, muy explorado y que a estas alturas de la película, pocos podíamos imaginar que albergara muchas posibilidades. Es importante asumir esto para poder relativizar los acontecimientos y así entender la parte más humana de los protagonistas. Pero entremos en materia de una vez. Más información de la historia de las exploraciones aquí

Antiguo anclaje de percha en el pozo "La Chufa"
Se me invitó a explorar el sistema hace un par de años por parte de amigos del CEA. Por aquel entonces no sabía muy bien si el sistema se llamaba “Lecherines” o “La Chufa”, ya que se hablaba más de este último término que del primero, y hacía referencia a uno de pasos delicados de la cavidad, ubicado en la cabecera de un gran pozo (2) (pozo “La Chufa”). El peso psicológico de algunos pasos del sistema era enorme y se hablaba mucho de los pozos, de las instalaciones, del agua... siempre en un tono irónico y jocoso, como corresponde al que habla de un peligro visto de lejos. Pero llegó el día en el que se empezó a hablar en serio de crear equipos y explorar aquello. Sin darme cuenta, allí estaba yo (el burro delante, esta vez sí, para no espantarme), un puñado de maños y amigos de otras comunidades autónomas preparando las mochilas para aventurarnos en las profundidades de la tierra.

2: Denominamos pozo a cualquier dificultad vertical que exija el uso de de cuerdas y técnica de rápel para superarla.

Entrada al sistema por la boca C12
Entramos por la C12 (3), bajamos los primeros pozos y poco a poco recorrimos salas que me sonaban de oídas. La “Sala Camboya”, La “Sala Estrato”, el “Meandro Impresentable” y por fin... ¡La Chufa! El origen del nombre viene porque cuando lo exploraron por primera vez, tras superar un incómodo meandro y encontrarse con tan tremendo pozo ni se plantearon bajar. Lo vieron, resoplaron, tocaron “chufa” y dieron media vuelta. Pero en mi mente valenciana, “La Chufa” adquiría un significado diferente y hacía más bien referencia a la precariedad de la instalación, consistente en un puente de roca blanda en el cual comenzaba el descenso de un pozo bien regado que se perdía en el infinito.

3: La C12 es una de las cinco bocas de entrada que tiene el sistema

Aquel paso era cruzar la frontera que te llevaba a lo más profundo del sistema. Y en aquella incursión lo hicimos y sobrevivimos, como no podía ser de otra manera. Quizás había cierto mito en ese paso, cierto temor inducido... pero todos sabíamos que “La Chufa” tenía los días contados y que sería la última vez que bajaríamos por aquel puente de roca, compuesto de arcilla y fe a partes iguales.

Bajando el Pozo Salvaje
Aquel punto “emblemático” el sistema rompía en un enorme pozo excavado en arcillas, donde no había un palmo de roca decente en la cual colocar un anclaje seguro. La evolución de las instalaciones nos permitió más adelante utilizar tornillos roscapiedra de acero inoxidable y archivar así a “La Chufa” en la estantería antológica de la historia de Lecherines (sección de terror).

Tras superar aquellas verticales, continuamos por el “Pozo Salvaje” y seguimos el curso del río hasta que finalmente nos alejamos del murmullo del agua para alcanzar el vivac(4) de -850 metros de la “Sala Diarreica”. Aquel día el sistema llevaba muchísima agua y llegamos empapados. Tuvimos que rehacer el vivac del cual apenas quedaban cuatro retales podridos y acomodamos un “vestuario(5)” donde poder cambiarnos. Tras terminar de montarlo, aquello parecía más el módulo lunar del Apolo XII, que un vivac espeleológico. Pero terminó cumpliendo perfectamente su función.

4: Denominamos vivac a la infraestructura destinada a dar cobijo a las personas durante periodos de tiempo limitado (desde una noche a varios días), proporcionando "confort" en lugares donde las condiciones son adversas. Hay vivacs de emergencia, cuando las circunstancias son sobrevenidas, o permanentes como en este caso, donde además se almacenan otros elementos que facilitan la estancia, como sacos de dormir, hornillos y algo de comida.
5: Zona próxima al vivac destinada al cambio de la ropa de trabajo por la muda seca (y limpia) y viceversa. Consiste básicamente en una base horizontal cubierta por un plástico.

Alcanzar el vivac de -850 no es que sea algo complicado, pero cuando es la primera vez que entras, cada paso que das hacia abajo te lo imaginas de vuelta y algunos pesan como auténticas losas de mármol. Y es algo que se tiene muy en cuenta durante la estancia en el sistema, especialmente el primer día y el último.
Vivac Sala Diarreica

Es difícil transmitir las sensaciones y las condiciones en las que se permanece en el sistema. Por dar algunos datos, la temperatura es de unos 5º y la humedad relativa del 100%, por lo que las cosas que dejas tendidas permanecen mojadas de un día para otro. La multitud de pasos que hay que sortear obligan a duchas de agua (pozo salvaje, la chufa...) o a rebozarte en arena y barro (paso de los fugados, Emily...). Esto hace que cada día que pasa, vayamos acumulando arena y barro.

Las necesidades tratamos de hacerlas en lugares localizados, alejados del campamento para evitar que los olores hagan la estancia todavía más desagradable. No hay una cisterna, pero sí una pala y arena abundante.

Vestuario
A pesar de todo esto, no se pasa tan mal. Durante la actividad, el frío se templa con el movimiento y en el vivac, los hornillos permiten mantener una estancia confortable.Quizás los momentos más desagradables se concentran en la mañana, cuando hay que salir de la calidez del vivac y enfrentarse a las bajas temperaturas del sistema para ponerse los monos llenos de arena y los escarpines mojados. Es cierto que estas condiciones no las soportaría cualquiera. De hecho, hay que tener una mentalidad especial para soportar varios días así. Pero el que la tiene, no sólo supera la prueba, sino que consigue mantener el humor y disfrutar de la estancia sin ningún esfuerzo especial, algo que puede sonar extraño. Pero es la realidad y no hay falsa modestia cuando afirmo que termina por no ser para tanto.
Paso de "Los fugados"

Los equipos de trabajo han dejado atrás los planteamientos titánicos, donde varios grupos se dedicaban exclusivamente al porteo y a tareas auxiliares. Los nuevos tiempos y las mejoras técnicas (y conceptuales) nos invitan a formar grupos a lo Juan Palomo. De esta forma, el mismo grupo se lleva su comida, su ropa y su material. Sí que es cierto que sin la previa incursión de otros grupos con tareas específicas, como mejorar el vivac o portear cuerdas, las exploraciones habrían ido a un ritmo más lento y tampoco se puede decir que se haya prescindido totalmente de estas fórmulas. Lo que es cierto es que ahora estas tareas se han podido dotar de independencia temporal, lo que permite que un mismo grupo haga autoporteos o trabajos de acondicionamiento durante las fechas previas sin necesidad de equipos de apoyo. Por lo menos es así en este sistema cuyo acceso desde el refugio es relativamente corto.
Comunicando con el exterior

Cabe también hacer mención a las comunicaciones. Por extraño que parezca, teníamos conexión exterior a través de el sistema Tedra, lo que nos permitía conectar a una hora concreta del día con el equipo de fuera para intercambiar información.

Y así es más o menos cómo nos organizamos durante los días que permanecemos de exploración en el interior de la cavidad. Aquel año teníamos como misión, comenzar con la escalada de algunos pozos en busca de galerías fósiles superiores que fueran más allá del nivel freático actual.

Continuará....

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