sábado, 30 de agosto de 2014

Cinco días bajo tierra (II)

Galerías de la autovía

 La escalada artificial está suponiendo una nueva vía para explorar y exprimir todas las posibilidades de sistemas que por su antigüedad, parecía que ya lo habían dado todo. Aquella vez escalamos el pozo “y ahora qué” y el “pozo del chiste feliz”. El primero de ellos, con una escalada de unos 40 metros, conectaba con una amplia galería que terminaba en un derrumbe inestable. Pero fue el segundo (también de unos 40 metros) el que dio la sorpresa. Tras escalarlo, se abría un pasaje que conectaba con un nuevo sistema de enormes galerías. Había que bajar todavía unos 30 metros para alcanzar el epicentro de lo que parecía un “gran sumidero”, pero no nos quedaban cuerdas. Los que formaron aquel equipo, en su ansia por alcanzar la base y explorar aquello, ataron todo lo que tenían a mano (cordinos, pedaletas, pingajos de cuerda...), pero que ni aún así les daba. Así que con la miel en los labios tuvimos que finalizar aquella incursión de cuatro días bajo tierra y regresar a la superficie. Pero no nos íbamos con las manos vacías, puesto que acabábamos de abrir una nueva puerta en Lecherines.

Escalando el pozo "Y ahora qué"


Aquello supuso un revulsivo en la exploración del sistema. Por un lado, teníamos por delante la exploración de todo aquello que a buen seguro iba a dar trabajo para años. Pero también demostró la utilidad de la escalada artificial. La impaciencia hizo que ese mismo año realizáramos una nueva exploración de cuatro días por un equipo de cinco personas, donde exploramos y topografiamos casi 1.000 metros de nuevas galerías, conquistando espacios totalmente vírgenes que veían la luz por primera vez.

Nuevo meandro explorado, con bloques haciendo equilibrios
Aquel día, Caro y yo íbamos topografiando mientras el equipo de punta iba avanzando e instalando las dificultades. El ritmo de exploración y topografía era frenético. Por delante de nosotros se escuchaban gritos de júbilo, risas y exclamaciones de los que tenían el privilegio de ver aquello por primera vez. Nosotros, pacientes por obligación, con nuestras mediciones, íbamos a un paso más lento, expectantes de descubrir el motivo de tanto escándalo. Y no era para menos. Galerías gigantes de cientos de metros, caos descomunales, destrepes y trepes que parecían dar fin entre bloques pero siempre con alguna continuación a través de pequeños pozos. Un suspense que parecía no tener fin. Y a cada paso que dábamos, veíamos ventanas, oquedades, galerías... interrogantes que quedaban pendientes para próximas incursiones. Estábamos viviendo la aventura de la exploración espeleológica en todo su esplendor, saboreando las sensaciones que siempre habíamos imaginado en la mente de otros.

Galería tras el pozo "Y ahora qué" denominada
"Hasta los ibuprofenos están buenos"
Y por fin nos encontramos a Emily. Así bautizamos a un paso bajo con fuerte corriente de aire que conectaba con una nueva parte activa del sistema. El sonido del agua retumbaba entre aquellas galerías mientras las remontábamos, llevados por la fiebre del explorador. Hubo un momento en el que Caro y yo nos rendimos a la impaciencia y abandonamos los instrumentos de topografía para lanzarnos como posesos junto con los demás a la exploración de aquel nuevo río subterráneo. El curso terminaba en un sifón, pero trepamos por la chimenea de un aporte lateral y comenzamos a escuchar de nuevo gritos de júbilo. Habíamos aterrizado en una sale enorme desde la que caía una cascada que se perdía en la insondable oscuridad de las alturas, más allá de lo que nuestras frontales eran capaces de iluminar. A aquella sala la bautizamos como sala “Buahachaval”.
Paso de "Emily", inaugurado con su correspondiente placa
honorífica de la susodicha. El humor y las bromas contibuyen a
mantener el buen ambiente, liberar tensiones y hacer equipo.

Regresamos al exterior con la satisfacción de haber explorado y sumado un buen puñado de metros al sistema. También con una saca llena de incógnitas y galerías que había que inspeccionar con detalle. Había trabajo todavía para varios años.

Y llegamos al 2014 y esta vez, decidimos hacer entradas de 5 días. Todo se organizó para que durante casi diez jornadas, el sistema estuviera explorándose sin parar. Hubo un día en el que en el vivac éramos ¡hasta doce personas! diez días explorando galerías, escalando pozos, topografiando y tachando una incógnita detrás de otra, sin demasiadas novedades. El último día terminamos de explorar un pozo que habíamos escalado y algunas incógnitas cerca del paso de Emily, sin que dieran ningún fruto. Ya de regreso, decidimos explorar una galería que había “petado” con el gran episodio de deshielo dos años antes.
Pozos de la conexión

Vale la pena hacer mención a aquel episodio para dar muestra aquí también de que lo que a veces parecen sistemas fósiles no lo son tanto. Aquel año, el mayenco hizo que muchas de las fuentes del sistema reventaran. Los ríos entraron en crecida y causaron fuertes daños en varias zonas del pirineo. Durante la exploración del 2013, el equipo destinado al sector "Gruyere "se encontró con una extraña y desagradable sorpresa al llegar al punto donde se debía encontrar el vivac. Estaba todo cubierto de barro y apenas quedaban los restos de una antigua tienda de campaña. Tampoco estaban los sacos de dormir, los cuales se encontraron... ¡¡¡a 30 metros de altura enganchados en los techos de la galería!!! La conclusión es que el sistema hasta una cota muy próxima a los -900 metros ¡¡se había inundado totalmente!!
Formaciones filamentosas de yeso

Ello provocó que también algunas galerías superiores entraran en carga. Concretamente en la sala del lago, por casualidad vieron la marca de un surco de agua excavado en el suelo proveniente de una galería que en su día apenas tenía tres metros pero que ahora se abría en un meandro interminable. Aquella extrañeza descubierta por los equipos días antes se nos notificó y aprovechando que teníamos que conectar con el exterior y llenar agua por aquella zona, decidimos explorarlo.

La exploración casual de aquel meandro culminó con la conexión de un nuevo sistema activo. Un cauce de varios metros de anchura por la que discurría un río lleno de nuevas incógnitas. De nuevo Lecherines nos dejaba para el último día la mayor sorpresa de todas. Y de nuevo el sistema volvía a estar más vivo que nunca.

Galería del lago
También en el exterior se consiguió forzar un paso soplador que conectó con una enorme sala y un gran curso activo en el que se exploraron cientos y cientos de metros.

Así pues, en la actualidad se han descubierto tres nuevos ríos subterráneos independientes que tal vez pudieran confluir en ese gran colector que todos imaginamos y que alimenta nuestras ganas de continuar explorando y conectar este grandioso sistema. Ganas de seguir comiendo pasta precocinada y bebiendo agua arenosa, de permanecer días y días a la sombra, encerrados en este sistema de paredes calizas que nos da la libertad y la oportunidad de expandir nuestras capacidades y ser quienes queremos ser, ganas de volver a dormir hombro con hombro y desayunar pegados a las llamas de un hornillo que rugen mientras se hacen cómplices de nuestras batallas y de nuestras unas risas que se pierden entre el eco de las galerías de un sistema que crece y nos hace crecer también. 

Así que como diría cualquier espeleólogo del mundo:

¡¡¡¡Libreeeeeeee!!!!

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