lunes, 3 de diciembre de 2012

Los rescates más complicados del Mundo



A salvo de la luz y de las miradas curiosas, bajo cientos de metros de masas rocosas, espeleólogos de todo el mundo siguen disfrutando del descubrimiento de rincones naturales que todavía nadie ha pisado antes. Ya cumplida una década del nuevo milenio, todavía queda bajo nuestros pies mucho planeta por explorar. Laberínticas galerías y tortuosos meandros representan los capilares por los que fluye la vida en forma de ríos subterráneos, grandes salas o formaciones imposibles. Los últimos confines  que permanecen a salvo de la acción del hombre se presentan como el gran botín de estos incansables exploradores.

La práctica de la espeleología exige de una buena formación técnica y una  forma física adaptada  al nivel de la actividad en la que nos vamos a mover. Sin embargo, las grandes exploraciones que se llevan a cabo en nuestros macizos, donde son frecuentes puntas de exploración a más de 1.000 metros de profundidad, exigen al deportista asumir un nivel de compromiso mucho mayor. Lo que sobre la superficie de la tierra, en senderos y montañas, puede resolverse fácilmente mediante la ayuda de nuestros compañeros o a través de una llamada a los servicios de emergencia, dentro de un gran sistema la misma situación adquiere una dimensión difícil de imaginar. Los incidentes se convierten en accidentes y la resolución de problemas adquieren una gran complejidad que exige el despliegue de un operativo técnico y humano sin precedentes.

Las dificultades de un rescate bajo tierra

Imaginemos a un espeleólogo que en plena campaña espeleológica se dirige con su equipo hacia la punta de exploración, que está a -995 metros de profundidad. A -500 metros, un desprendimiento le provoca varias lesiones de diversa consideración. Este sistema podría ser perfectamente Lecherines, en pleno corazón del pirineo aragonés. Conociendo las pautas de actuación del dispositivo de rescate podremos conocer mejor las dificultades que entraña una intervención de estas características.

El aviso

Los equipos de rescate reciben el aviso de rescate. Al preguntar por la hora del accidente, se comunica que ha sido hace unas 8 horas... ¿a que se debe este retraso en la movilización?
La sociedad moderna se ha acostumbrado a la inmediatez de la telefonía móvil. Pero a 500 metros de profundidad, por norma general no existen teléfonos y la única forma de avisar a los servicios de rescate es saliendo al exterior, remontando todas las galerías y pozos de entrada, lo que puede suponer horas y horas con el cansancio acumulado de la exploración previa.

Una vez en el exterior, hay que recordar algo... estamos en mitad del pirineo y puede que no tengamos cobertura. Tendremos que desplazarnos entonces hasta un lugar donde podamos realizar una llamada, independientemente del operador. Esto puede llevarnos también varias horas, en función de las circunstancias. Como resultado, el tiempo total que puede llevarnos emitir el primer aviso de rescate puede ser de varias horas.

Tiempo de respuesta

Los servicios de rescate ya están avisados y se produce la movilización ¿cuánto tardan en llegar?

Las condiciones meteorológicas de las zonas pirenaicas suelen ser muy variables y hostiles, lo que puede imposibilitar el despegue de medios aéreos, retrasando todavía más el tiempo de una primera respuesta.

Además, el acceso a la entrada del sistema (en función de la boca elegida) exige de una aproximación desde la pista de más de una hora por terreno alpino (recordemos que hemos elegido Lecherines como ejemplo). A un buen conocedor de la cavidad, no le costará demasiado encontrar la entrada ya que estará familiarizado con ella, pero para alguien que es la primera vez que acude va a enfrentarse a la tarea de localizar un agujero de apenas uno o dos metros de amplitud entre una marea de lapiaces, dolinas y simas. Puede ser tan difícil como encontrar la aguja del pajar.

Dentro de la cavidad

Por fin el primer equipo de rescate ha llegado a la boca de la cavidad. Han pasado cerca de 12 horas desde el accidente, un tiempo muy valioso1. Al margen de la gravedad de las lesiones sufridas por el accidentado, la situación se complica por las adversas condiciones del sistema: temperatura cercana a los 0ºC y humedad relativa del 100%. Por fortuna, el equipo que le acompaña ha realizado un primer autosocorro y ahora el herido está acondicionado en un punto caliente que se ha instalado. También han racionado el agua y la comida, así como las baterías de la iluminación.

Pero todavía hay que llegar hasta el herido y desplegar todo el operativo antes de iniciar las tareas de rescate. Un médico acompañará al primer equipo de evacuación, el cual llega tras 5 horas de descenso en el que ha tenido que portear una ingente cantidad de material de rescate y el equipo médico. Una vez se accede al accidentado, se le estabiliza y se emite una primera valoración que será esencial para determinar la urgencia del rescate y el modo en el que habrá que movilizarlo y posicionar la camilla en cada paso. El médico2 acompañará a la víctima en todo momento y ordenará paralizar el rescate si considera necesario intervenir sobre el herido.

En el trayecto de evacuación vamos a encontrar salas remontantes y descendentes, meandros, pasos estrechos, cascadas, pozos de más de 100 metros y zonas activas. A través de ellas se tendrá que movilizar la camilla especial de rescate que tiene una envergadura de casi 2 metros en la que va un varón de 1,85 mts que pesa3 algo más de 90 kg.

En el exterior se trabaja frenéticamente coordinando los hasta 14 equipos que van a trabajar simultáneamente. Cerca de 200 espeleosocorristas que van llegando de diferentes lugares de la geografía española, serán asignados a diferentes misiones, cada una de ellas vital para que funcione perfectamente todo el dispositivo. Miembros del GREIM, Bomberos de rescate vertical de diferentes regiones, Ertzaintza, la Unidad Militar de Emergencias pero, sobre todo, espeleosocorristas y jefes de equipo civiles procedentes de distintos clubs y federaciones trabajarán hombro con hombro con un mismo objetivo.

Un equipo se encargará de balizar los accesos y retornos del sistema hasta el PC (Puesto de Control). Otros se encargarán de establecer las comunicaciones, tanto por hilo genefónico, como por comunicación inalámbrica empleando la conductividad del terreno. En el interior de la cavidad se desplegarán más de 1.500 metros de cable y 7 estaciones para instalar un Genéfono. Mediante un puente de comunicaciones se establecerá conexión por radio desde las proximidades de la boca hasta el PC, lo que permitirá mantener contacto con el interior desde el mismo campamento. Un equipo de desobstrucción se centrará en ampliar los pasos estrechos para permitir el paso de la camilla. En el campamento otros grupos  se encargará del preparar los avituallamientos del personal y de organizar los más de 2.500 metros de cuerdas y material de rescate diverso que los equipos de evacuación tendrán que llevar consigo.

En una reunión previa se distribuye a los espeleosocorristas en 7 equipos de evacuación. Los jefes de equipo posteriormente reciben su misión y se establece un horario secuencial de entrada, de modo que la camilla tiene un responsable en cada sector, estableciendo claramente los puntos de entrega.

Desde que sale el primer equipo de evacuación hasta que la camilla es entregada a la ambulancia o al helicóptero medicalizado pasarán más de 24 horas de intenso trabajo, más de 30 desde que se dio el primer aviso y unas 48 desde que se produjo el accidente. Durante dos días el herido tendrá que aguantar todo tipo de maniobras, además de las duras condiciones de temperatura y humedad4. Cada equipo dará lo mejor de si mismo para salvar una vida que quizás en un futuro podría ser la nuestra.

A la complejidad de todo este engranaje, hay que sumar la dificultad de encontrar suficientes recursos humanos capacitados para ello. El modelo de rescate llevado a cabo en Aragón, es un ejemplo de trabajo en equipo y coordinación entre diferentes cuerpos de emergencias e incluso entre espeleólogos de diferentes comunidades autónomas. Una vez dentro de la cavidad, cuando el barro ha cubiertos las insignias y logos distintivos, todos lucen los mismos galones y pasan a formar parte del mismo equipo.

El pasado fin de semana 29 y 30 de septiembre se realizó en el sistema Lecherines una de las tres prácticas anuales de espeleosocorro que organiza la federación aragonesa. Esta es seguramente la práctica de mayor envergadura en todo el estado y en la que se involucra una mayor diversidad de cuerpos de emergencia y especialistas de la espeleología. El supuesto narrado anteriormente no es más que una descripción del simulacro que se realizó. El dispositivo se desarrolló a pesar de las inclemencias del tiempo, donde las lluvias persistentes y el fuerte viento que rodearon a la actividad no fueron suficientes para hacer desistir el ánimo de los voluntariosos participantes, concienciándonos una vez más que ese escenario tan adverso forma parte de la realidad que puede rodear a un rescate de verdad. Por desgracia las situaciones reales pueden ser a mucha mayor profundidad y en circunstancias mucho más adversas.

El último gran rescate conocido fue el de la AN51, en Navarra. A 600 metros de profundidad, una espeleóloga belga de 49 años sufrió un desprendimiento que le ocasionó la fractura de un pie y heridas de diferente consideración. El rescate se prolongó más de 80 horas, durante las cuales la víctima estuvo sometida a 4ºC y una humedad relativa del 100%. Intervinieron en el operativo casi 150 personas y tuvo que remontarse la camilla durante cuatro kilómetros de galerías, para posteriormente izarla a lo largo de 500 metros de pozos verticales. Fue necesario practicar microvoladuras para ampliar los pasos más estrechos y supuso uno de los rescates espeleológicos más importantes y complicados de los últimos años.

El último rescate practicado en Aragón fue el de un catalán de 40 años en el Sistema Sabadell (Panticosa). El accidente se produjo a 220 metros de profundidad. El herido, con fracturas de diversa consideración, fue evacuado tras 24 horas de intensas labores de rescate.

Quizás, una de las claves del éxito y del entendimiento que hay entre los diferentes cuerpos y especialistas que participan en este tipo de simulacros, resida en la figura del responsable y coordinador de la práctica: Mario Gisbert León, espeleólogo experimentado desde hace más de 25 años, se encarga de coordinar y dirigir estos simulacros sin que su condición de “civil” haya menoscabado la autoridad en sus funciones, teniendo en cuenta la diversidad de cuerpos de seguridad y mandos con los que tiene que trabajar.

Entrevista a Mario Gisbert

¿Desde cuando coordina este tipo de rescates en Aragón?

Realizo las funciones de Coordinador Técnico del Espeleo Socorro Aragonés (E.S.A.) desde el año 1997

¿Son frecuentes los accidentes en la práctica espeleológica?

Aunque incidentes y pequeños accidentes se producen con cierta frecuencia, por suerte no se producen muchos accidentes que exijan la intervención de grupos de espeleosocorro.
Generalmente los accidentes más graves o cuya evacuación es más compleja corresponden a espeleólogos experimentados, cuya actividad la efectúan en puntos alejados y distantes de las entradas de las cavidades (muchas de ellas desconocidas y en exploración). Los incidentes cuya resolución es más sencilla (accidentes en la proximidad del exterior, extravíos, demoras, falta de iluminación, etc) suelen ser causados, en cavidades ya conocidas, por espeleólogos noveles o inexpertos.

¿Cuáles son los tipos de incidentes o accidentes que se pueden producir en una cueva?

Los más asiduos son los de extravío-agotamiento y los de caída por terreno inestable o verticales, por incorrecta instalación.
Aunque también se pueden producir por Bloqueo (falta de material o de técnica, falta de iluminación, empotramiento, crecida de caudal, desprendimiento) y en los casos de cursos activos por ahogamientos o en inmersiones de espeleobuceo.

Se ha visto que la participación de espeleólogos expertos es indispensable en un rescate. ¿Son parte obligada de su formación y/o entrenamiento las técnicas de espeleosocorro?

Cualquier espeleólogo practicante tiene la obligación moral de estar formado en las técnicas de espeleosocorro, ya que en caso de accidente de un compañero, le tocará colaborar en su evacuación.

Hemos visto por encima el despliegue de medios que exige el rescate de un espeleólogo. ¿Es fácil coordinar a tanta gente y tan diversa en un operativo como éste?

Es compleja la coordinación de un operativo de este tipo, pero no se organiza partiendo de cero, el E.S.A. lleva más de 30 años realizando ejercicios y simulacros de este tipo, formando e involucrando  a los distintos grupos profesionales de rescate.

¿Cómo se moviliza a un dispositivo de casi 200 personas y de tan diversa naturaleza?

Estableciendo previamente contacto y relaciones con los distintos grupos y entidades que pueden participar. Cooperar en las actividades y ejercicios que efectual los diversos grupos, hace que se cree un vínculo que incita a asistir a la convocatoria de este tipo de simulacros.

¿Cuál es la principal dificultad a la hora de enfrentarse a un rescate de este tipo?

La mayor dificultad que podemos encontrar en las intervenciones en Aragón, es el establecimiento del campamento de altura (Puesto de Control, intendencia, etc) que pueda dar el soporte necesario a las más de 100 personas que van a intervenir en el interior de la cavidad. La mayor parte de las cavidades en Pirineos se hallan a más de 2.000 metros, lo que obliga a largas aproximaciones y al empleo de helicópteros –medio no siempre disponible dependiendo de las condiciones meteorológicas-. 

Normalmente en otro tipo de emergencias, las competencias están delegadas en los cuerpos profesionales. Sin embargo en este tipo de rescates y concretamente en Aragón, la actuación de especialistas civiles es primordial ¿Esto ha generado algún tipo de conflicto?

Todos los grupos profesionales intervinientes ya tienen asumido que para un rescate espeleológico de cierto nivel, es necesario mucho personal que domine las técnicas de evacuación en cavidades y que se desenvuelva bien en el medio subterráneo. Todos tienen asumido que debemos trabajar conjuntamente en un rescate de este tipo. Como la relación entre los componentes del E.S.A. y los responsables de los diversos grupos de rescate en Aragón, viene de muchos años y es bastante cordial, no se originan conflictos. La buena predisposición hacia los rescates en cavidades de los distintos responsables de los grupos profesionales, hace que la coordinación entre todos sea bastante buena.

Cuando hay tanta gente realizando una actividad como ésta se generan situaciones de riesgo que incluso pueden derivar en algún incidente ¿De qué manera compensa en la práctica asumir ese riesgo?

Desde los primeros simulacros que se vienen efectuando, nos hemos cuestionado esta cuestión. Asumimos que el riesgo es elevado y asumimos que puede haber accidentes. Si no nos ejercitamos en un simulacro de envergadura, trabajando gente de diversos grupos y lugares, cuando suceda un accidente grave a profundidad, posiblemente además del accidentado, que será rescatado en penosas condiciones, habrá que auxiliar a bastantes de los espeleosocorristas que hallan intervenido.

¿Qué cosas podemos mejorar respecto a países, como Francia, con una importante tradición espeleológica y por extensión, en este tipo de intervenciones?

Debido a la cercanía con Francia, los métodos y formas de llevar un rescate espeleológico es similar en los dos países. La mayor diferencia, y que en España no sé si se apañará, es la falta de unión y coordinación estatal que aglutinara a todos los grupos de espeleosocorro territoriales y autonómicos. En caso de una intervención larga y complicada, ésta falta de unión restará eficacia a la intervención.

¿Cómo puede un espeleólogo practicante llegar a formar parte de un dispositivo de espeleosocorro?

En España, 10 u 11 comunidades cuentan con grupos voluntarios de espeleosocorro, principalmente pertenecientes a las federaciones correspondientes. Cualquier interesado debería ponerse en contacto con el grupo de su comunidad y participar en los distintos ejercicios prácticos. De no existir grupo en la comunidad, cualquier grupo de las comunidades cercanas, estará encantado de poder contar con más personal.

Hemos visto la importancia del operativo, pero también es importante una actuación previa del propio equipo del accidentado. ¿Cuales serían las pautas a seguir en caso de accidente?

Las recomendaciones en caso de accidente serían:
Dejar al herido en lugar seguro y estable, en posicion lateral. No moverlo innecesariamente
Tratar las hemorragias (vendaje compresivo)
Mantener al herido en calor. Animarlo
No dejar solo al herido si es posible
Balizar el camino de acceso al herido

Y una vez en el exterior, informar de los siguientes datos:
Nombre de la cavidad
Situación (población más cercana)
Localización precisa. Accesos
Lugar de la cavidad donde ha ocurrido (descripción de la cavidad hasta el lugar del accidente)
Número de heridos, su estado y causas del accidente
Instalación de la cavidad
Material disponible en el lugar del accidente (cuerdas, carburo, spit, placas, etc.)
Nombre del grupo que figura en la boca de cavidad
Teléfono desde el que se llama



Notas aclaratorias:

(1) Si las condiciones lo permiten –meteorología, conocimiento del sistema, etc.-, los miembros del GREIM como primer equipo de intervención, son capaces de rebajar este tiempo, realizar la primera actuación sobre el herido y valorar la situación  y recursos necesarios para el operativo de rescate.
(2) Son muy pocos los facultativos en España que están preparados para acceder a un accidentado en espeleología, ya que deben ser además, expertos y buenos deportistas de la especialidad. Actualmente el SEMAC en España es la asociación a la que pertenecen estos profesionales dispuestos a acudir a un rescate espeleológico de gran envergadura.
(3)  El conjunto que puede llegar a transportarse puede superar los 120Kg.
(4) Durante los simulacros, se utilizan varios voluntarios para hacer de víctima. Las condiciones son tan duras que deben establecerse relevos cada uno o dos sectores.


Más información:

jueves, 8 de noviembre de 2012

Expediciones barranquistas en las antípodas del planeta. Aotearoa 2013 - Nueva Zelanda

Las oportunidades de exploración en la disciplina no tienen límites y ofrecen la posibilidad de viajar a los lugares más recónditos del planeta para descubrir auténticos paraisos naturales confinados entre fortalezas de piedra y agua.

Nueva Zelanda aparece en el mapa como un nuevo destino de las expediciones barranquistas. Se compone de dos islas principales, Isla Norte e Isla Sur. Esta úlima es donde va a centrarse la expedición y está separada por los Alpes de Sur por su punto culminante,  el Monte Cook, de 3.754 metros de altura.

Las condiciones climáticas de esta parte de Nueva Zelanda son de templado oceánico. Así que no hay un clima extremo, pero hay que prestar especial atención a las precipitaciones ya que nos encontramos con enormes cuencas hidrográficas.

Un equipo francés compuesto por experimentados barranquistas se ha dispuesto a descubrir los secretos ocultos entre los cañones de las salvajes y alejadas montañas de Nueva Zelanda. La expedición recibe el nombre de “Aotearoa 2013”

Las islas disfrutan de un escenario dominado por montañas y glaciares que ofrecen uno de los paisajes más inusuales para la práctica de barranquismo, donde la gran mayoría de las gargantas están por abrir.

El objetivo del equipo es abrirse camino hacia el corazón de la isla, donde los ríos de montaña ofrecen la oportunidad de practicar el barranquismo a los amantes de la disciplina en un lugar sin apenas tradición.

De la exploración, sacarán una guía topográfica y recopilarán material audiovisual con el objetivo de sacar un documental y publicar artículos en diferentes revistas.

Bruno Fromento es el responsable de la expedición. Ha organizado y participado en numerosas expediciones geográficas, científicas y deportivas en condiciones extremas. Licenciado de Estado en Espeleología, piragüismo y barranquismo. Es cámara y miembro de la Federación Francesa de Espeleología. Entrenador asociado CREPS Sureste, con expediciones a Papua Nueva Guinea, Argentina, Nueva Zelanda, Indonesia, Patagonia nos ha concedido una entrevista con la que podremos acercarnos un poco más a las particularidades de la expedición.

Entrevista a Bruno Fromento


¿Cómo surge entre vosotros la idea de ir a un lugar tan remoto como Nueva Zelanda a explorar cañones?

Nos fuimos a Nueva Zelanda para hacer un viaje en bicicleta y nos encontramos con un amigo que nos dijo que también podríamos abrir cañones. Así que nos llevamos nuestros equipos y fuimos a explorar barrancos. Nos fuimos con la idea de ir a la Isla Sur y continuar nuestra exploración.

El deporte del barranquismo, comparado con otras disciplinas de montaña, tiene todavía poca historia y en algunos lugares ni si quiera es una especialidad conocida ¿existen practicantes de este deporte en Nueva Zelanda?

De hecho hay  pocos profesionales en Nueva Zelanda, pero hay algunas empresas que ofrecen los barrancos del Sur de Wanaka y Norte de Coata`Aucland. La historia del barranquismo en Nueva Zelanda es reciente (menos de veinte años)

Imagino que encontrar información sobre los cañones de la isla debe ser complicado. ¿Cuáles el potencial de la isla?

Encontrar información sobre barrancas abiertos es fácil. Por contra, existe muy poca información sobre los accesos. Identificamos zonas con cascadas, nos fijamos en las imágenes de satélite y hacemos una valoración de potencial de algunas áreas. Pero hay grandes dificultades en los accesoso por los grandes desniveles, la densas masas boscosas y la escasez de senderos.
Cada región tiene unas características que hace que sus cañones sean especiales: Precipitaciones, cuencas alpinas, glaciares, geología… ¿Cuales son los principales problemas técnicos y características de los barrancos de alli?

Los cañones son atravesados por ríos importantes con grandes cuencas. La precipitación es alta y los cañones son de perfil muy vertical. El problema principal es la meteo y el caudal de los ríos. Técnicamente deberíamos encontrar soluciones de exploración, ya que no sabemos si podremos salir del cañón y debemos ser precavidos, anticipándonos a los acontecimientos.

En un lugar como Nueva Zelanda donde el patrimonio natural está especialmente protegido ¿habeis encontrado algun problema con las autoriades o su legislacion?

No hemos tenido un problema con autoridades pero notificamos nuestras actividades ya que se trata de un parque nacional.

Al final habeis decidido por la isla sur. ¿Por qué?

La Isla del Sur por su fisonomía montañosa salvaje.

En el equipo contais con cámaras, escaladores, espeleólogos y gente con mucha experiencia en exploraciones… ¿cómo os habeis conocido?

Nos encontramos por el trabajo. Somos profesionales del desporte y la naturaleza y tambien apasionados inscritos en federaciones y clubes.

¿Contais con ayuda en Nueva Zelanda de barranquistas o conocedores de la zona?

Hay tres neozelandeses que se unen a nuestro equipo en el descenso de cañones ya abiertos. Para ellos es difícil abrir cañones ya que son pocos y no disponen de medios. Se benefician de nuestro proyecto y nos ayudan en los accesos a los cañones. Sin embargo no pueden permanecer con nosotros durante todo el mes ya que tienen su trabajo.


En España tenemos verdaderos problemas para implicar a fabricantes y patrocinadores en este tipo de expediciones ¿Qué respuesta habeis recibido en Francia?

Hay muy pocos cañones en exploración desde Francia. La idea es original y el destino también. ¡Las antípodas! Los fabricantes han encontrado la idea interesante y quieren promocionar sus productos. Galardonados como "bourses expé 2012", tenemos revistas de montañas y  de espeleologia que nos apoyan. Esperamos lanzar una película sobre nuestra expedición en el festival de montaña de Grenoble. También tenemos nuestra página web, un equipo serio y la experiencia en expediciones en el extranjero.

¿Algún consejo para los que quieran ir a barranquear a Nueva Zelanda?

Obviamente tomar precauciones para actividad, sobretodo en los grandes ríos mas salvajes. También seguir el consejo de las empresas que conocen bien los cañones.

Más información en: http://aotearoa2013.free.fr/

martes, 2 de octubre de 2012

Nota

A raíz del artículo de opinión "Reequipar no es un deporte" he recibido alguna opinión al respecto que me ha hecho reflexionar. En ningún caso mi intención es criticar a un equipo o a unas personas, sino a una actitud y a un hecho. Algo que por otro lado, no tardará en ser condenado desde el otro lado de nuestras fronteras. Consideré necesario que debíamos ser nosotros, los españoles, los primeros en hacer una severa autocrítica sobre lo sucedido.

No es mi intención cargar sobre las espaldas de los protagonistas, la obligación de enmendar la situación a toda costa. Gavarnie es un lugar con unas condiciones muy severas y la precipitación a la hora de actuar puede pasar factura.

Pese a que los hechos sucedidos tienen su repercusión, no deja de tenerla dentro de nuestro ámbito, que es reducido y limitado. Aunque nosotros lo vivamos con mucha intensidad y sea nuestro mundo, las cuerdas son sólo cuerdas aunque cuelguen de una pared. Un efecto estético desagradable, pero que no va a matar a nadie. El mundo seguirá funcionando incluso con las cuerdas colgando de la cascada.

No se si me equivoqué al dar mi opinión. Seguramente, si ello deriva en una actuación arriesgada y precipitada, con quien sabe qué consecuencias... simplemente no me lo perdonaría.

Por eso, quiero desde aquí transmitir tranquilidad y sosiego. Mi opinión es sólo eso, una opinión. Los hechos, pueden ser graves dentro de nuestra actividad, pero no es más que un gesto inofensivo dentro de la magnitud de circunstancias que nos envuelven cada día. Si he de pedir perdón por lo escrito, lo pediré. Pero que nadie se juegue la vida por un  puñado de líneas.

lunes, 1 de octubre de 2012

Reequipar no es un deporte

Los proyectos de reequipamiento siempre son delicados. Deben serlo. Por fortuna, los clásicos de nuestra geografía, han sido abordados por colectivos y personas con una gran sensibilidad y respeto hacia el medio y hacia los aperturistas, dejando de lado sus gustos personales o ideologías sectarias. Pero no debemos dejar por costumbre este trabajo en manos de la fortuna…

No hay nada más objetivo ni menos tendencioso que reemplazar o reponer. En cuanto entramos en el terreno del “añadir” todos corremos un riesgo. Los equipadores, porque pueden equivocarse. Los barranquistas, porque jamás ya revivirán el descenso original de sus aperturistas. El barranco, porque el efecto llamada de un equipamiento pesado aumentará la frecuencia de visitas…

Sólo un colectivo sale beneficiado del arte de “añadir”. Un colectivo centrado más en los tecnicismos del nylon y el acero que en la vivencia del descenso. Obcecados en que la seguridad es directamente proporcional al número de orificios de una pared, al margen de la capacitación del grupo. Un etnocentrismo deportivo, donde salen a relucir las carencias personales traducidas como las carencias de los demás.

Tenemos la equivocada costumbre de pensar en el más débil cuando bajamos los barrancos más “fuertes”. Costumbre que termina por cuestionar las equipaciones, partiendo del principio de que los demás pueden ser más incapaces y por ello, hemos de salvarlos de los peligros que nosotros hemos detectado… Pero raras veces los peligros son tales o están ocultos. La percepción del riesgo varía de unas personas a otras y a su vez se convierte en la línea que algunos no deberían cruzar. La habilidad y la actitud son las principales herramientas que nos van a permitir solventar cualquier incidencia, ya sea dentro de un barranco o en la cumbre del Everest. Pero cuando falta alguna de estas virtudes, hacemos al colectivo cómplice de nuestras carencias y tratamos de empatizar con ellos sorteando el asunto a golpe de parabolt. El “si esto es peligroso para mi para los demás también” es la madre de las más osadas reequipaciones.

En general, el barranquista es un deportista de perfil bajo, con poco entusiasmo por las aproximaciones pedestres, profesional de las combinaciones por carretera y centrado en el arte de trabajar a favor de la gravedad antes que luchar contra ella. Quizás también el arte de reequipar tenga algo que ver con ello. La justificación principal pasa por la seguridad, pero también en muchos casos por reducir la longitud de las cuerdas necesarias o facilitar los pasos complicados. Un colectivo vago, que lo es cada vez más.

A todo esto hay que sumar lo que está convirtiéndose en el segundo deporte de algunos barranquistas: las vías ferratas. La tendencia que apunta hacia este modelo de equipamientos dentro de nuestros cañones, es palpable. Se enconan las posiciones entre los que defienden un equipamiento esencial, de progresión y de conservación frente a los que apuestan por un equipamiento pesado, de entretenimiento y masificación.

Los barrancos, las cascadas, los arroyos, los ríos... en sus pasajes más angostos, se han desarrollado sin la presencia del hombre. Es un gran privilegio disponer de los recursos y habilidades necesarios para romper ese confinamiento y descubrir esos trozos de mundo que todavía permanecen vírgenes. Sin embargo, utilizar estos entornos a nuestro antojo, modificarlos para satisfacer nuestras aspiraciones personales son formas de actuar que jamás han formado parte del espíritu montañero en cualquiera de sus facetas. Es necesario denunciar contundentemente estas actuaciones si todavía queremos pensar que el barranquismo suma algo al universo de la montaña, allí donde el ser humano se reta contra la naturaleza en su estado más salvaje para tratar de sobrepasar sus propios límites gracias al tesón y al talento, y no mediante la burla del buril y el acero inoxidable.

martes, 18 de septiembre de 2012

El desafío de Gavarnie. Parte II

Continuación...

2009

En septiembre de 2009, ocurrió algo que parecía imposible. Coincidieron dos equipos barranquistas - cuatro navarros y tres andaluces - para descender la Gran Cascada de Gavarnie. No habían programado dicho encuentro, sino que fue el azar el único responsable de que en el mismo remoto lugar y el mismo día coincidieran dos expediciones dispuestas a realizar este descenso. Los problemas que podía plantear un grupo tan numeroso eran evidentes y más teniendo en cuenta las características de las reuniones, compuestas por dos únicas anillas. Finalmente la solución fue bastante sencilla. Aprovechando las cuerdas de ambos grupos, equiparon toda la cascada de principio a fin. De esta manera, en las reuniones sólo estaban las personas indispensables, evitando la acumulación de barranquistas en las zonas más comprometidas y agilizando bastante las tareas de descenso.

“(…) pasamos por debajo del Casco y de la Torre, para llegar al Coll de la Cascada, a casi 3000 metros. En ese mismo instante, nos juntamos con tres andaluces cargados con dos mochilas cada uno y nos comentan que también van a realizar el descenso de la cascada. No nos lo podíamos creer, nadie ha bajado ese año por la cascada y tenemos que coincidir dos grupos el mismo día. Tras analizar la situación, decidimos formar un solo grupo, pero antes de afrontar el descenso, todavía nos queda bajar unos 500 metros de desnivel, con una pedrera inestable. Debido al peso y al terreno, nos caemos continuamente, pero al final llegamos a una zona donde vamos a poder pasar la noche.
El día del descenso, amanece frío, pero despejado. Organizamos todo y por fin descendemos las dos cascadas de 50 metros, que nos dejan en la cabecera de la Gran Cascada. Los andaluces equiparan la cascada hasta la gran repisa, entonces bajaran dos compañeros más y cuando ellos lleguen a la gran repisa, comenzaremos nosotros a bajar, quitando las cuerdas utilizadas. (…) ahora tenemos cuerdas para equipar toda la cascada (…)

(…) bajé el ultimo a eso de las 16h, para llegar al suelo a las 20h de la tarde, tras haber recogido todas las cuerdas. Tan solo citar que en el rapel de 120 metros, la recuperación hubo que trabajarla bastante, dado que las cuerdas apenas corrían. En el rapel de 150 metros, hubo un enganchon de cuerda al caer y tuvimos que cortar unos 40 metros. Debido a las corrientes de aire, los primeros en bajar, no se mojaron para nada, dado que el aire por la mañana, desciende hacia el valle, pero como a la tarde cambia la corriente del aire, pues, el resto nos empapamos bastante. La pared está muy suelta y entre los compañeros y el agua, caen numerosas piedras.

En el grupo de los navarros iba una mujer, así que podemos afirmar que fue el primer descenso femenino de la cascada, por lo menos por esta línea.

2010

Indagando un poco más, encontré una repetición de 2010 de la que poca documentación hay. Estuvo compuesta por 8 componentes, la mitad de los cuales se dedicó a tareas de apoyo. Cabe destacar con elogio, la aventurada aproximación que hicieron por el interior del circo para iniciar el descenso. Como no hay relato ni crónica conocida o difundida, salvo algunos montajes fotográficos, ahí queda esta información sin más elucubraciones. Todo parece indicar cuanto menos que se les hizo de noche. No es de extrañar, dado que el punto de partida elegido era el refugio. Me hubiera gustado conocer los detalles: las circunstancias del descenso o bien la aproximación por los muros interiores del circo. En cualquier caso, no pasó nada más o por lo menos, no ha trascendido, así que pese a convertirse en su recta final en un descenso nocturno, daremos esta repetición por buena también y puede que una de las más deportivas, aunque para ello habría que considerar también las condiciones del caudal, que no han trascendido.


https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=EI2RCf4iexg

2011

En agosto de este año, un equipo se aventuró nuevamente en la cascada para reforzar las instalaciones y añadir unas cuantas más. En principio, para hacer el descenso más seguro. Pero en Gavarnie, el primer contacto con la cascada se paga caro, principalmente por ser el primero. Sin extenderme en los detalles, lo resumiré en que la actividad terminó también con paseo aéreo a cargo de los gendarmes del valle.

A las tres de la mañana del domingo sonaba el despertador (….) a 2.600m de altura al lado del refugio de Sarradets. (…) Se ve despejado, pero pasando por las fajas de la cara sur de la Torre de Marbore. En cuestión de minutos la niebla se apodera de todo nuestro campo de visión y la temperatura baja drásticamente (…) llegamos sin problemas al Collado de la Cascada. (…) A las 8 nos despedimos de nuestros compañeros y empezamos el descenso del Glaciar de la Espalda.

Enseguida llegan las complicaciones. Demasiado peso para bajar de forma individual. Montamos un rapel al cuerpo y hacemos descender las mochilas hechas un fardo deslizándose por la nieve dura (…) uno de los mosquetones de una mochila se abre y empieza a rodar montaña abajo 50, 75, 100mts y no para… pasa el nevero y sigue rodando por una pedrera. Van 130mts de cuerda, 30 paraboles y chapas. Finalmente se detiene al caer dentro de una rimaya. Llegamos a la primera faja, donde paramos a descansar y a comer algo. Vamos muy pero que muy pasados de peso (…) A las dos de la tarde llegamos a la cabecera de la Gran Cascada (…)
Reequipamos la 1º reunión que da acceso a la vertical, el R-10. También la 2º reunión que es colgada, el R-80. Se descienden unos 35mts volados y aquí ya tenemos el primer error de comunicación (…) por detrás entre dos personas tenemos verdaderos problemas para bajar todo el material que llevamos.

https://www.youtube.com/watch?v=4oifmsZogZg

(…) una cuerda de 50mts abandonada nos confunde bastante pues no sabemos si estamos en la línea correcta y la pared está bastante llena de clavos y chapas de vías de escalada.
(…) (En el péndulo) el segundo de cordada baja por el mismo lugar que el primero, pero con 75kg de peso. Os podéis imaginar cómo fue el péndulo y conseguir que llegara a la reunión.
El segundo fallo, en un rapel de 30 o 40mts con dos cuerdas de 130mts en un terreno donde había serias posibilidades de que la cuerda se quedara enganchada en la recuperación. Resultado: las dos cuerdas de 130mts cortadas.

Llegados a este punto y con la moral muy tocada, propongo por 2º vez quedarnos allí a vivaquear (…) Realizamos un rapel más, de unos 40mts a una repisa en este caso sin ningún sobresalto. Seguimos bajando(…) por el walky nos dice (el primero) que ha tenido que montar una desviación y que ha montado la reunión (un parabolt) en una especie de cueva donde va a ser difícil llegar (…) no nos vemos el paso, sobre todo por el que tenga que pasar le desviación con 75kg de peso (…) decidimos que lo más correcto es quedarnos allí a vivaquear, le damos la noticia a la gente que está en la base de la cascada y avisamos a los gendarmes de Gavarnie.
(…) nuestra “cómoda ” repisa se convierte por momentos en una piscina y no hay esquina ni rincón en donde no le caiga agua. Así pasaríamos toda la noche. Cada hora, un chapuzón de 10 minutos.
(…) Volvemos a contactar con Lolo y nos dice que por lo menos a él no le cae agua y
que se encuentra más o menos bien.
(…) llega la noticia de que el helicóptero va a despegar y en breve ya oímos y vemos como se acerca a nosotros. “


https://www.youtube.com/watch?v=dat1od40dSM
 
No fue la única repetición de 2011.

Por desgracia, el año pasado perdimos a un gran barranquista y una gran persona en las paredes de la Gran Cascada. El grupo estaba formado por tres deportistas reconocidos y quien perdió la vida conocía bien el terreno: era su tercer descenso. Sí, en su haber tenía un primer intento fallido, una repetición exitosa y por último, una nueva tentativa que le costó la vida. Sus compañeros, conmocionados, fueron rescatados por el helicóptero de la gendarmería. No me extenderé más. Aquí hay algo de información adicional:

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/09/23/barcelona/1316773564.html
http://www.barranquismo.org/foros/index.php?topic=4237.0

2012

Parece que la Gran Cascada se niega a dejarse conquistar fácilmente. También este año un equipo se ha aventurado a desafiar los abismos de la cascada, mediante un proyecto de reequipación que tuvo que ser interrumpido. A las 3 de la mañana conseguían descender la cascada mediante una línea en fijo que tuvieron que abandonar y que a fecha de hoy, seguía estando allí. Me reservo los juicios personales por el momento. Simplemente destacar que de nuevo Gavarnie ha demostrado estar por encima de las espectativas de algunos de los protagonistas.

https://www.facebook.com/pages/Expedicion-Gavarnie-580/343968815640260

La Gran Cascada… el secreto del fracaso.

La Gran Cascada de Gavarnie no puede encasillarse como una actividad barranquista. Se encuentra ubicada en uno de los lugares más inaccesibles del pirineo, con una aproximación que discurre a los pies de cumbres que arañan los cielos a más de 3000 metros de altura. La climatología difiere de un año para otro, permitiendo a la nieve cambiar las reglas del juego a su antojo. La meteorología es el eterno enemigo en un magnánimo circo donde apenas hay lugar para más de dos días de calma. 

No deja de sorprenderme el uso de calzado específico de agua o mochilas de PVC en una actividad como ésta, con un marcado carácter alpino. Es una muestra más de que no se ha comprendido bien lo que supone el descenso de este emblemático abismo.

Hay que entender la Cascada como una actividad global que pone a prueba no sólo nuestra capacidad física y técnica, sino cosas mucho más extrañas y fascinantes en este deporte como nuestra capacidad de planificación, de adaptación o nuestra templanza. Llegar a la cabecera es un reto, no tanto por la dificultad del acceso –que la tiene- sino por las escasas posibilidades de hacerlo en el momento oportuno si uno no ha hecho los deberes. Gran parte de los descensos fustrados han sido como consecuencia de un comienzo tardío. Quien llega tarde a la cabecera arrastra consigo más horas de actividad, más prisa por descender y una meteorología en pleno declive. Pero además, la cabecera se encuentra justo en el borde interior de un titánico embudo donde es difícil dar marcha a atrás cuando estás confinado entre 500 metros de palas descompuestas. Parece más fácil bajar que regresar por donde uno ha venido… pero aquí no se regala nada.

Por eso, quien se aventure a desafiar a la mayor cascada del sur de Europa, debe entender que no basta con llegar. Hay que hacerlo en el momento oportuno, con el equipo adecuado, con la meteorología en calma y con el sosiego de saber que tenemos todo el día por delante para disfrutar de un descenso en el que no basta con ser barranquista.

Textos y documentación gráfica gracias a:

Jesus Maria Ayucar Chandia
Carlos Sanchez Vazquez
Nacho Fernández de la Calle
Proyecto Gavarnie 580

lunes, 27 de agosto de 2012

El desafío de Gavarnie. Parte I


Ya hace cuatro años que embriagados por el ambiente alpino que este circo confina entre sus muros, decidimos desafiar a esta gran cascada. Desde entonces, las aguas del gran circo de Gavarnie no han dejado de alumbrar desdichas con cierta regularidad. Con este artículo trataremos de hacer un resumen de lo que ha sido la historia de la Gran Cascada en su faceta barranquista, desde su primer descenso en 1990 hasta nuestros días. A través de la crónica que nos ofrecieron los protagonistas de las diferentes repeticiones, intentaremos acercarnos a un descenso que con el paso del tiempo, no ha dejado de mostrar su lado más desafiante.

1990: Primer descenso documentado
El primer descenso documentado nos llega del año 1990. Con una vertical absoluta de 281 metros, y un desnivel total de 422, este colosal salto de agua fue descendido por primera vez por S. Boyer y A. Vergez aunque con un despliegue de medios al alcance de muy pocos. El proyecto tenía como objetivo promocionar los Pirineos y más concretamente, el trabajo de los guías y profesionales de Gavarnie. Se optó por su margen derecho, que es el que ofrece mayor verticalidad, consiguiendo de esta manera un rápel aéreo de 250 metros. En el evento participó el CRS, Gendarmes del Pelotón de Montaña, espeleólogos, guías de montaña militares, guías de montaña franceses y una representación española conformada por dos guías de la escuela de Morillo de Tou que también descendieron la Cascada. Se utilizaron cuerdas de 500 metros de longitud y 10mm. Unos 3.000 metros se emplearon para asegurar el acceso a la cabecera por el primer piso. Los helicópteros también colaboraron en el porteo de periodistas y material durante el evento y queda más que evidenciado que el propósito no era realizar precisamente un descenso deportivo y autónomo, sino simplemente ejecutar un evento mediático.

1990-2006

No hay descensos documentados, o por lo menos, no están al alcance de mi mano. Pero es de justicia hacer saber que los gendarmes del valle han estado descendiendo la cascada con cierta regularidad por su vía aérea. Uno de ellos, de nombre Allain si no recuerdo mal, afirma haberla descendido hasta en 10 ocasiones. Sólo ha trascendido que empleaban cuerdas de longitud especial (300 mts) y que aproximaban por el primer piso transportándola entre dos personas, ensacada en dos petates. Queda lejos de mis posibilidades saber cómo y con que estilo bajaban y recuperaban el material y elucubrar sobre los detalles sería tendencioso. Pero es de justicia dejar constancia de esta información.

2007

Fue nuestra primera tentativa. Dos personas y 400 metros de cuerda. Los detalles son conocidos: dos porteos desde Coll de Tentes hasta un vivac intermedio y otros dos desde el vivac hasta la cabecera de la Cascada. Cuando ya teníamos todo dispuesto para bajar, las tormentas arrasaron con nuestro material, acabando con nuestras aspiraciones.

Abatido, decido sentarme sobre las cálidas rocas calizas. Pienso en las tres clavijas que nos quedan, en el equipo de instalar de Jero… en si queda alguna esperanza. Pero la respuesta es obvia. Jero sigue buscando nuestro material, con la esperanza de que todo esto sólo sea un mal sueño. Va bajando poco a poco, mirando cada roca, excavando entre las piedras, buscando entre las espumas del cauce… pero no queda nada. Sumergido en la cruda realidad, baja hasta la cornisa de la Gran Cascada, donde se queda encaramado mirando al vacío, sintiendo como se escapa un sueño … “

2008

Fue el año que abrimos nuestra línea. Mantuvimos el mismo plan que un año atrás y apostamos por un equipo reducido pero flexible. Esta vez se sumó a nosotros un tercer componente para colaborar en los trabajos logísticos y de seguridad. La sistemática fue idéntica, pero para evitar eventualidad meteorológicas, la articulamos en sólo dos días. El primero aproximamos hasta un vivac intermedio todo el material. El segundo, accedimos a la cabecera y descendimos.

Cabe destacar que un planteamiento como este obliga a renunciar a muchas cosas. Entre ellas al confort de un neopreno, a la rapidez de un taladro o a la distribución de la carga entre un equipo más numeroso. Ni si quiera eran cuerdas ligeras, sino de 10,5 mm, pero ello nos permitía en un momento dado, escapar de la cascada sin que los roces comprometieran nuestra seguridad. En definitiva, nos centramos exclusivamente en los aspectos operativos, dejando en un segundo plano las pusilanimidades.

A las 12 de la mañana estábamos en la cabecera. No íbamos con mochilas barranquistas, sino de montaña, de 80 litros, mucho más ergonómicas y funcionales especialmente en un terreno tan inestable como las palas de acceso, con alternancia de gravas y placas de nieve. Tampoco contemplamos en ningún momento llevar calzado que no fuese de montaña, puesto que se trataba de una actividad puramente alpina, donde primaba una buena sujección del tobillo y la versatilidad en terreno mixto, con y sin crampón. Fuimos adaptando las tiradas a nuestro horario y a las circunstancias. La ubicación de los anclajes respondió en su día, no sólo a un criterio de ubicación, sino a un conjunto de circunstancias. Con un taladro, cuerdas finas y más tiempo, la instalación hubiera sido diferente, sin ninguna duda. Pero con buril, cuerdas de 10,5mm y 40 kg a nuestras espaldas, esa instalación demostró ser más que suficiente. 

“Desayunamos a la luz de las frontales ya que todavía es de noche. Nos hemos refugiado en el mismo vivac que el año pasado, con su eterno gélido viento.  (…)
Poco a poco vamos superando las palas en tiradas de casi 200 metros. Recoger de nuevo las cuerdas en la mochila nos hacer perder bastante tiempo, pero se compensa con la seguridad que nos proporciona. (…)
Sin perder cota, bordeamos una pequeña faja que al comenzar a descender, nos deposita en las clavijas que por fortuna, permanecen intactas tras un año de espera. (…)
 Al llegar a la cornisa me quedo unos instantes mirando el agua, viendo como se precipita en silencio por aquel fantástico abismo. Un poco más allá, aparece el fondo del valle… lejos como nunca, pero a la vez, cerca… tan cerca.
(…) Tras localizar una roca de confianza, comienzo a burilar sobre la roca caliza.
(…) por fortuna no parece tan extraplomado como podíamos esperar, por lo que fraccionar no será complicado. Tras bajar unos 50 metros me encuentro con que la cuerda roza excesivamente sobre unos estratos laminados. (…) A mi izquierda y un poco más abajo, hacia la cascada, veo que aparece de nuevo la consistente roca caliza en una cómoda repisa, así que inicio una travesía en su búsqueda. (…)

Jero termina de montar la reunión anterior y se reune conmigo en la repisa (…) él seguirá bajando para instalar la próxima reunión. Le comento que baje todo lo que pueda mientras la recuperación sea limpia porque el tiempo se nos echa encima.
(…)Al llegar a su altura, observo que está completamente empapado. (…)el agua de la cascada se ha desviado hacia la reunión, mojándole por completo.
Podemos observar que hay visión directa (desde la repisa) hasta varios puntos donde se puede recuperar, así que bajaremos de una sola tirada. Esta vez me toca a mi bajar primero.
(…) Al alcanzar un diedro, la cascada me comienza a golpear con ganas. Pese a que el agua llega muy diseminada, el aire la empuja con tanta violencia que me desequilibra en un par de ocasiones. (…)El agua inunda cada rincón de mi espacio de visión, y el viento me ha sumido en un frío terrible.
(…)Abajo reina el caos. (…) Los vientos movidos por la cascada al caer, desplazan el aire a una velocidad increíble.(…)Tras descansar unos instantes, me pongo en la búsqueda de un lugar donde equipar una reunión.
Jero se encuentra ya cerca. Al llegar a mi altura, me balbucea algo que no logro entender. Tiene la cara tan helada que no puede articular palabra. (…)comenzamos mano a mano las tareas de recuperación. 

(…)El frío es terrible y en la base es casi imposible encontrar un lugar protegido del agua y el viento. Jero baja unos metros y protegido tras una gran roca continua meritoriamente con las labores de recuperación, sacando fuerzas de flaqueza. Yo trato de desenredar las dos bobinas. Tras una hora interminable, conseguimos recuperar toda la cuerda. Los dos estamos exhaustos y al borde de la hipotermia. 


Ya pasan de las 9 de la noche. Al llegar a la reunión, coloco mi cuerda y comienzo a bajar. Le digo a Jero que este rápel lo hacemos de una sola tirada.
(abajo)no nos invade la sensación de triunfo que imaginábamos. Todavía nos domina la necesidad de refugio y de sentirnos a salvo. “

Comienzan las repeticiones

La primera de ellas se realizó a escasas semanas de aquel descenso. La pernocta en la gran repisa, junto con la tormenta y el paseo en helicóptero amenizaron un primer intento de repetición lleno de suspense y también, de fustración.

“Empezamos sin problemas. Después de un pequeño rappel de unos 10 metros ya encontrábamos (…) la reunión del 80, donde también pudimos divisar la reunión del siguiente rapel, el de 120. Así superamos los dos primeros rapeles (…) al final del 120 el viento desviaba a intervalos regulares el agua de la cascada, cosa que hacía imposible rapelar momentáneamente ya que la fuerza del agua caída desde 200 metros sobre la cabeza y teniendo en cuenta que estaba acabada de salir del glaciar, hacían imposible hacer otra cosa que quedarse quieto y escondernos lo mejor posible en pequeños abrigos que ofrece la pared durante los rapeles. Por eso nos fue imposible encontrar la cabecera del 150

(…) decidí remontar unos 15 metros más arriba para clavar un par de espits en  una pequeña repisa  y montar otra cuerda para ver si estaba más abajo la reunión. Mientras tanto caían piedras de considerable tamaño constantemente y cuando estábamos recogiendo la cuerda, una me impactó en el hombro (…). En la reunión nueva volvimos a montar el 120 que ya habíamos recuperado de arriba y la intención era buscar la cabecera del 150 (…) una ráfaga de viento y agua me hizo imposible verla, (…)  Yo continué bajando hasta que me di cuenta que la reunión ya no podía estar más abajo y decidí clavar un spit que junto con un clavo nos servirían para montar el último rappel hasta la gran repisa.
(…) nos resultó imposible recuperar las cuerdas de la reunión de la repisa de las piedras, ya que (…) el nudo se enganchó en alguna grieta. Entonces pudimos llegar hasta la gran repisa, a 130 metros de altura metiendo la cuerda de 150 a la segunda nueva reunión en simple. Ante el agotamiento y los principios de hipotermia que teníamos, decidimos que no era seguro remontar y que lo mejor era esperar al día siguiente y así poder recuperar las fuerzas y las cuerdas.”


La cosa empeoró durante la noche, cuando una violenta tormenta asoló el valle, descargando granizo y lluvia en abundancia. Finalmente fueron rescatados en helicóptero por la gendarmería de montaña del valle al despuntar el amanecer.

Segundo intento

Tras aquel intento fustrado, el mismo equipo regresó poco tiempo después para terminar lo que empezaron y recuperar el material que entonces pendía abandonado entre las paredes de la cascada. Esta vez sí, el descenso se hizo con normalidad y consiguieron enmendar lo que hubieran de enmendar.

“Tras este suceso, nos enfrentábamos a un problema. Había que volver a intentar el descenso, con el fin de recuperar el material que tuvimos que abandonar en la cascada debido al cambio brusco de la meteorología.
(…)Así que decidimos darnos unos días y quedar para el  28 de agosto (…) En esta ocasión realizamos la aproximación hasta la cabecera del primer rapel de la cascada, (…) para poder acometer el descenso a primera  hora de la mañana antes de que empezase a soplar el viento.
(…) nos encontramos una tercera parte de la nieve que la vez anterior (…) tardamos una hora más en  bajar estas palas y descender las dos fajas,llegando a la cabecera del primer rapel a las seis y media de la tarde. Vivaqueamos bajo un bloque a la derecha orográfica del barranco donde pudimos descansar, esta vez con un tiempo formidable.

El sábado a las ocho de la mañana ya estamos equipando el primer rapel. Esta vez el caudal es apreciablemente inferior que en nuestro último intento, pero el viento vuelve a hacer de las suyas de vez en cuando, nutriéndonos de cubos de agua a granel (…)
Nada más llegar a la maldita repisa de la infamia, comprendimos cual había sido el problema. El nudo de empalme estaba atascado en una especie de embudo que hace la repisa mas abajo.
Alrededor de las doce nos encontramos los cuatro en la gran repisa con todas nuestras cuerdas y los  360 mts que dejamos en la pared ya recuperados. Una hora más tarde nos reunimos con Eva que nos espera con comida, bebida y otra espalda mas en el  fondo del circo. Circo que abandonamos con la fiel promesa de no volver en mucho tiempo.”


Continuará...



Fotografía y videos:

Mario Gastón
Jero García
Vicente Martínez
Joan Sabaté
David Bueno
Amancio Catala

Fuentes: 

www.barranquismo.org
www.barrabes.com
uecbarrancs.blogspot.com
www.tracalet.es